Páginas vistas en total

sábado, 21 de enero de 2012

difíciles horas vive Tarija ante el avasallamiento que se propone el MAS en maniobra envolvente para dividir y entablar pelea con Chuquisaca. Mr. Farfán nos muestra los detalles


Hoy miércoles (18/01/12), el gerente de Setar Yacuiba Gonzalo Sosa (MAS), ha convocado a una conferencia de prensa con el fin de hacer conocer que los cortes que realiza Setar todos los días son programados con el fin de mejorar el servicio. Sosa acompañado de un trabajador, se quejaron de las críticas que hacen algunos medios de comunicación a los cortes intempestivos que causan enormes perjuicios.
Los ejecutivos de nuestro Setar, manifestaron/quejaron que sus familias le hacen reclamos y que en la calles la gente los trata mal como consecuencia de la opinión crítica de algunos líderes mediático. Hicieron conocer que tienen familia y que consideran injusto esas críticas que los “desprestigia” y que hacen todo lo que pueden por prestar un mejor servicio.
Lo curioso es que no terminaba la conferencia de prensa, cuando plum!, como contradiciendo todos los esfuerzos que hicieron los ejecutivos de Setar para justificar el pésimo servicio que presta la empresa, se produjo un corte de energía eléctrica. Boquita cerrada se ven más bonitos.
Casi lo mismo que le pasó hoy al presidente Evo Morales en el Beni, cuando inauguró 18 motores y generadores para la planta de Moxos-Trinidad. Habló de seguridad energética y dijo: “por fin se terminaron los cortes” y poco después un apagón que duró cuatro horas.
El MAS ha criticado despiadadamente a Camino al Cambio por haber abultado de personal a la empresa Setar, poniendo en serio riesgo de quiebra administrativa a la entidad; pero una vez que el MAS se hace cargo de la empresa, sobre los supernumerarios que dejó el archienemigo Camino al Cambio, no dudaron en aumentar la carga salarial en las planillas incorporando a casi 50 personas simpatizantes al MAS de balde/innecesario. Lo más grave es que se incorporan personas a la planta administrativa y no así a la técnica como se supone debería ser, si de verdad buscan mejorar el servicio.
La gran cantidad de masistas en el Chaco en puestos claves, no son personas que tienen convicciones de izquierda o relacionadas a la prédica populista oficial del partido, pues muchos de ellos han militado en partidos etiquetados de “derecha” que han desaparecido. La verdad de las cosas es que lo que les motiva/impulsa a plegarse al MAS, no es la doctrina o el fetiche del cansino “proceso de cambio” que todo masista repite como loro, pero que nadie entiende que diablos es. Lo que buscan los oportunistas camuflados con la wiphala y “otrito” famoso enfundado en un poncho rojo, es simplemente obtener los beneficios pecuniarios que reporta los cargos ejecutivos en las entidades públicas. Muchos de ellos cambiaron diametralmente su vida y patrimonio al pasarse al MAS. No ocultan la opulencia de la que gozan y ostentan sus vehículos lujosos y la vida licenciosas y de derroche que llevan desde que tienen la bandera azul colgada en el cuello. No importan los principios ideológicos, lo que vale son las acciones pragmáticas de conveniencia personal y familiar. Hay un caso de panista que sin ponerse colorado de vergüenza se pasó públicamente de bando al MAS, sólo por una pega que le ofrezca suculentos reportes.
La empresa Setar ha demostrado ser ineficiente, muy cuestionada por los mismos masistas en materia de transparencia, hay varios hechos escandalosos de supuestos casos de corrupción que no fueron debidamente aclarados hasta la fecha. Por ejemplo se ha vinculado a un supuesto pariente muy cercano del Gerente en la manipulación del sistema informático de a empresa al que tienen acceso solo dos personas de alto nivel. Hasta la fecha no se aclarado el asunto. Está quedando en la oscura impunidad. Hay otros casos mucho más graves que revelaremos oportunamente.
Hace falta una política integral estratégica seria sobre la energía en eléctrica en el Chaco que involucre la participación activa y comprometida de toda la institucionalidad pública del Estado. No hay capacidad, ni condiciones en la actual administración para administrar este proceso. Cuando llueve o hace un poco de viento hay que arrodillarse y rezar con pasión y fervor para que Setar no corte el servicio de energía eléctrica.
Lo más chistoso es que salen a los medios en publicitadas ruedas de prensa con cara de serios y enjutos como para que les crean, con excusas estrambóticas y excéntricas cuando se trata de justificar los cortes intempestivos. A veces es una víbora intrusa, un conductor borracho, un poste podrido, un árbol que se cayó, hasta una sobredemanda de Villamontes. Siempre tienen una perfecta excusa ya preparada. Estamos obligados lo yacuibeños a ser vehementes religiosos cada vez que hay algún cambio de temperatura o de tiempo. En la tierra del gas, estamos con las velas a mano, mientras garantizamos seguridad energética al Brasil y la Argentina. Qué paradójico, esto como es como para sentarse en una piedra picuda y llorar.
Plata en el Chaco y Tarija hay por demás, como para hacer dulce, a tal grado que un “creativo e iluminado” funcionario de la Gobernación insiste en prestarle plata a la ABC porque aquí no hay capacidad para invertir las regalías. Cambiemos la razón social de la Gobernación, que sea un Banco. Cada año se va a caja y banco (dinero no gastado) la humilde suma de 1.000 millones de bolivianos. Lo que no hay es capacidad, iniciativa, visión, trabajo, esfuerzo, compromiso con el desarrollo y progreso de su pueblo. Pero lo que si hay es una fina habilidad para sacarle el diezmo hasta los centavos. Hay una viveza criolla for export. Mientras un grupúsculo mafioso se hace rico, nosotros seguimos sufriendo los cortes de energía eléctrica de nuestra quejumbrosa setar y pagando el servicio más pésimo y caro de Bolivia.(Yacuiba 18/01/12).

lunes, 16 de enero de 2012

Susana Seleme recurre al ejemplo de Mandinga y compara la pretendida inmunidad del autárquico que se considera blindado ante todo



Mandinga proviene de la denominación de una tribu africana que sometía a esclavitud a otras etnias, por lo cual los pueblos de la región asociaban ese nombre con el sufrimiento. En América Latina, se atribuye en denominativo al diablo quien, luego de cometer su fechoría, deja un olor a azufre y de ahí el dicho ‘Mendinga ha metido su cola’, pero nade lo ha visto.

En Bolivia, pareciera que ‘Mandinga’ mete la cola donde le da la gana, como le da la gana y cuando le da la gana pues ningún funcionario del gobierno, empezando por el propio presidente Evo Morales, asume responsabilidades por las graves acciones contra la democracia y el Estado de Derecho que hacen sufrir a la ciudadanía sin distinción de clase, etnia y oficio.

Cualquier ingenuo podría pensar que Mandinga dio la orden para intervenir- frenar-escarmentar-castigar la marcha de los pueblos indígenas del Oriente y algunos de Occidente en contra de la carretera que viola el núcleo del Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS), pues el fiscal general del Estado exonera a Morales y al ‘vice’ García Linera de cualquier responsabilidad por aquella represión. Una vez más hay que aclarar que una cosa es la decisión política sobre cómo actuar en una coyuntura, y otra transmitir esa decisión convertida en orden.

Entonces, si las dos máximas autoridades del país ni el exministro de Gobierno, asumen su cuota-parte en aquel suceso ¿quién o quiénes tomaron la decisión en primer lugar, y luego quién dio la orden de intervenir-reprimir aquella marcha? A su vez, el excomandante de la Fuerza Aérea que mandó aviones para trasladar a los marchistas detenidos hasta La Paz -aunque no trasladó a nadie pues los detenidos fueron liberados por el pueblo, que doblegó a los represores- ha sido nombrado Comandante General de las Fuerza Armadas y dice que él actuó por “iniciativa propia” cuando mandó aviones para evacuar a los indígenas. ¡Vaya premio a la iniciativa privada, en ese caso! Y aquí cabe una pregunta de rigor ¿desde cuando las FF.AA deliberan por iniciativa propia, si constitucionalmente están prohibidos de ‘deliberar’?

En Bolivia se viola las cadenas de mando y nadie asume responsabilidades, pero queda olor a pólvora y muerte no precisamente porque ‘Mandinga metió su cola’. Vuelvo a recordar a Hanna Arendt cuando apunta que “... casi tan malo es sentirse culpable sin haber hecho nada concreto, como sentirse libre de toda culpa, cuando realmente se es culpable...”.
Aquí no hay dudas: el presidente Morales es el responsable de aquella violenta acción como de otras similares por ser la máxima autoridad del Estado. Él cree que está blindado frente a cualquier error y que es impune al veredicto de la sociedad critica porque se siente imnune: nada lo contamina, como todo autócrata autoritario. Y como todos ellos, desconoce los combates de la lucha dialéctica en el devenir histórico, político, económico y social.

Tampoco es Mandinga el que ordena perseguir a opositores políticos y cívicos, aplicarles ‘guillotinas judiciales’, destituirlos, meterlos presos u obligarlos al exilio. Sabemos que los fiscales Marcelo Sosa y Henrry Zuasnabar del complot terrorista-separatista contra los autonomistas de Santa Cruz, Beni y Pando, no responden a Mandinga, sino Morales, García Linera, Juan Ramón Quintana y su larga compañía. Todos ellos son enemigos de la pluralidad y la tolerancia políticas y, de suyo, del pensamiento político diferente al pensamiento único que pretenden imponer. Andan revestidos del manto de ser de izquierda, qué duda cabe, pero de la izquierda estalinista y totalitaria.

Tampoco fue Mandinga el que mandó 700 efectivos policiales a reprimir y sentarle la mano a los habitantes de Yapacaní, en emergencia durante tres meses por pugnas entre los masistas del oficialismo, con un saldo de tres muertos, decenas de heridos, dolor y rabia acumulada. Unos defendían al alcalde David Carvajal del MAS, cuyo único mérito, según un diputado de su mismo partido, es que “nació en Orinoca y que toca la trompeta” como Morales, nacido en ese pueblo y con igual oficio juvenil. Carvajal permitió a los colonizadores–cocaleros, principales base de sustentación política de Morales, penetrar a los Parques Nacionales del Chore y Amboró para cultivar la nada sagrada hoja de coca, mientras otros se oponían y oponen. El resultado ‘sin querer-queriendo’ es el incremento de la frontera agrícola de la coca para alimentar la economía política de la cocaína con más fábricas que producen la droga para exportar y el consumo interno que también crece, amén de violentos actos delictivos y delincuenciales propios de las mafias del narcotráfico.

En este caso como en Huanauni, Cochabamba, Pando, Santa Cruz, Caranavi, Uncía y otros lugares, Morales y sus hombres ‘dejan hacer y dejan pasar’ hasta que las cosas se pudren, sin capacidad de actuar a tiempo porque desdeñan al ‘abc’ de la práctica política en democracia: el dialogo, los pactos, los convenios para lograr acuerdos mínimos por el bien común. El gobierno ‘que nada cambia’, a pesar de autollamarse ‘del cambio’ hizo en Yapacaní, como otras tantas veces, uso del monopolio de la fuerza bruta y mandó a reprimir. Y siempre que las papas queman, a falta de argumentos, el gobierno pone cara de ‘yo no fui’, y se defiende achacando a la ‘derecha’ y a los ‘golpistas’. Así llevan cerca 90 muertes violentas en 6 años, y no fue Mandinga el que ordenó y ordena intervenir, reprimir, matar.

domingo, 15 de enero de 2012

impresiona y repugna el desprecio por la vida que exhibe Evo Morales. El Día destaca los 57 muertos del régimen masista sin ningún respeto por los bolivianos

Sus muertos, señor Morales

Si están bien hechas las cuentas, ya suman 57 los muertos a raíz de la violencia política durante los seis años del Gobierno de Evo Morales. Y por más que fuera solo uno, es demasiado para un presidente que prometió gobernar “sin muertos”.

Casi la mitad, 22 fallecidos, han caído por la represión de las fuerzas del orden y otro tanto, como las 16 víctimas de Huanuni, el joven asesinado en Cochabamba, los que fueron acribillados en Pando y otro adolescente que fue masacrado en Tiquipaya (Santa Cruz), han sido el resultado funesto de la política de confrontación fratricida que este régimen ha llevado del discurso a los hechos en numerosas ocasiones.

La gran mayoría han sido civiles, muchos de ellos jóvenes, que han sido arrastrados por la vorágine de violencia que ha inducido el MAS para acaparar poder, para tomar nuevas posiciones en el territorio nacional, para destruir la estructura institucional del país e imponer un sistema cuyo único norte es el abuso y el atropello a los valores democráticos y la convivencia pacífica.

El peor legado de este régimen, sin embargo, es su maligno desprecio por la vida. Ese aspecto no solo se puede percibir en la indiferencia del presidente Morales y su gente hacia las imágenes de bolivianos masacrados, perforados por balas, con los cuerpos destrozados, como simples piltrafas encaramadas en camiones. Toda esta danza de muertos que los medios difunden y que sin duda alguna, ayudan a consolidar una visión banal y desaprensiva de la vida, no causan el menor atisbo de sensibilidad en los gobernantes, decididos a lograr sus objetivos con un fuerte presupuesto maquiavélico que no parece detenerse.

Este no es solo un desprecio por la vida humana. Todos los bolivianos somos vistos por este régimen como potencial carne de cañón, útil a sus propósitos. Es un desprecio por el país, por la unidad y la integridad. Que nos diga el presidente Morales ¿qué vale más que la vida de estas personas que han sido asesinadas durante su régimen? ¿Cuántas vidas más tendremos que sacrificar por este “proceso de cambio” fraudulento?

La Policía. Es lamentable que no hayan escarmentado con lo del 25 de septiembre. Ese abuso y la misma prepotencia se han vuelto a enseñorear en Yapacaní, donde los efectivos usaron a mansalva sus armas de reglamento para herir y quitarle la vida a los manifestantes. Olvidan que, cuando tengan que rendir cuentas por sus actos, ellos deberán sentarse en primera fila en el sector de los acusados. Lo mismo que aquel jefe militar que trata con fanfarronería un asunto muy serio como lo fue la represión a los indígenas del Tipnis, un asunto que tendrá que encontrar justicia algún día, aunque un fiscal “tirasaco” infantilmente trate de impedirlo.

Ninguna lista de muertos, como los 57 del régimen de Evo Morales cae en saco roto. Jamás ha sucedido algo así en la historia y hasta quienes se sintieron con el poder y la inmunidad para arrasar y construir imperios, tuvieron que enfrentar tarde o temprano el rigor de la justicia. Si no ocurriera así, el pueblo mismo suele ser el encargado de ajustar cuentas. Eso es algo que ha sucedido en incontables ocasiones en Bolivia.

El peor legado de este régimen, sin embargo, es su maligno desprecio por la vida. Ese aspecto no solo se puede percibir en la indiferencia del presidente Morales y su gente hacia las imágenes de bolivianos masacrados, perforados por balas, con los cuerpos destrozados, como simples piltrafas encaramadas en camiones.