Hace dos semanas nos preguntábamos desde esta misma columna: “¿Habrá elecciones el 2014?”. Si de dos semanas a esta parte nos encontramos ante una peor incertidumbre, ciertamente que el espectro político nacional se ha deteriorado más todavía y nos tememos que, en breve, podamos estar sometidos a un estado de sitio con todo su rigor y consecuencias, como antaño, única alternativa del Estado Plurinacional para no derrumbarse.
S.E. es ducho para zafarse de situación peliagudas – lo es ahora y lo fue en la oposición – pero la destreza personal, la picardía del matrero, no es suficiente remedio cuando se está cada día más solo luego de seis años de una gestión lamentable. Cuando transcurre un sexenio y la gente se siente pobre y sin esperanzas, cuando la ira popular va en ascenso, cuando se oyen voces que exigen cuentas al mal gobierno y han cesado los aplausos, quiere decir que llegó la hora de pensar. De sentarse en el abandonado despacho presidencial a pensar por única vez, olvidándose de los helicópteros, de la repartija de cheques, y de los partidos de fulbito. Así lo han hecho todos sus antecesores, con gorra o sin ella.
¿Cómo no se va a dar cuenta S.E. que a este paso su gobierno no va a concluir? ¿Cómo cree entonces que va a ser candidato el 2014? ¿Y no se estarán engañando también algunos opositores que sólo miran hacia esa lejana fecha? Claro, comprendo, estamos en democracia, pero repito: ¿y el Dr. Siles, Goni y Mesa? ¿Acaso acabaron sus períodos? No me canso de recordar que en este proceso democrático los tres presidentes se han ido antes de término obligados por circunstancias inesperadas. Y que Carlos Mesa, además, se cepilló como si nada, a dos ciudadanos que estaban en la línea de sucesión constitucional, para imponer al presidente de la Suprema Corte de Justicia, hombre probo, menos mal. ¿Hemos olvidado que en Bolivia nos encanta la democracia como ideal pero que no la respetamos nunca?
Es evidente que habría que tener un candidato de oposición fuerte y único, para, si por ventura, se llegara a las elecciones del 2014. Es indispensable buscarlo ya. Pero cuidado que como van las cosas S.E. se alarme, porque entonces vendrían las trampas. Con una Asamblea Legislativa a entera disposición del MAS, la Constitución se la puede interpretar del modo que le guste a esa mayoría y así una elección se posterga, se la adelanta o se la manda al diablo, de acuerdo a lo que digan las encuestas. Es cosa de levantar la mano. No estamos exagerando demasiado, porque no se olvide que ya el MAS, interpretando ese confuso librito que llaman Ley de Leyes, nos ha enchufado la re-reelección de S.E. y al final parece que no nos ha quedado otra que menearnos nomás. Seguiremos chillando contra el abuso, pero sin mayor efecto que el de los chanchitos que entran al brete sabiendo que los van a achurar.
S.E. ha perdido muchísimo apoyo, evidentemente. Hoy blasfeman contra él y contra su Vice gran parte de los movimientos sociales y muchos de los caraduras que lo votaron y ahora no saben cómo esconder la mano. Pero por desgracia existe un 30 por ciento del electorado que nació y vivió en la miseria, que no espera nada más de lo que tiene, y que por tanto no se da cuenta ni sabe que existe la posibilidad de vivir mejor. A esa gente le basta con un quintal de azúcar o una arroba de arroz, banda, chicha, y ver al candidato del cambio contando chistes.
Pero a los maestros, obreros y fabriles – ni hablar de los médicos y salubristas – ya será imposible convencerlos de que el cambio para sus bolsillos vendrá recién a partir del 2014. Y por supuesto que, de ninguna manera, a los indígenas de las tierras bajas, a esos indios bravos del TIPNIS que marchan hacia La Paz, a pata pelada, sin pensar siquiera en el 2014 porque saben que para entonces no existirán.
S.E. tiene gente en el Chapare y otra en el altiplano y Yungas a la que va reciclando, que la conoce muy bien y la cambia de un lugar a otro o la archiva definitivamente. Su Vice, con un hálito helado “draculiano”, como lo ha definido una columnista paceña, tiene otro campo de acción aunque alejado del verdadero populacho, que marcha, pega y vota o hace votar a golpes. S.E. maneja a todos los que conocemos pero por ahí también al lado del nombre de la mítica Leonilda Zurita, aparece hoy de portavoz, seguramente para volverse figura, Crispín Manteca, nombre que García Márquez habría tomado al vuelo para dárselo a algún cartagenero changador, borracho, y fornicador. Queremos decir que como Crispín Manteca aparecerán todavía muchos dirigentes masistas, pero fundamentalmente del Chapare, su único reducto fiel por simple conveniencia.
S.E. está en problemas y lo sabe. Va a tener que sentarse a pensar en cambios de verdad, inteligentes. Y también la oposición está en un problema mayúsculo en este momento, porque si el período de gobierno se acorta abruptamente la situación quedará en manos de nadie o lo que puede ser peor, en manos de todos. ¿O alguien piensa que habría una sucesión constitucional?
bolivia es una nación libre, independiente que jamás ha tolerado la dictadura. los intentos de establecerse de tiranos como melgarejo, bánzer, garcía meza terminaron en la derrota total de tal modo que el nuevo intento de colocar una dictadura revestida de populismo y "democracia" está también condenado a la derrota.
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lunes, 14 de mayo de 2012
sábado, 12 de mayo de 2012
El costo de los conflictos resulta insensato porque no se los desactiva, no se impone la cordura y se desata la anarquía. Razona El Dia de SC
Los conflictos sociales en un país, por su propia naturaleza, deben ser oportunamente abordados por las autoridades gubernamentales para encontrar la solución que los desactives y de esa manera permitir que retorne la normalidad. Si por razones políticas o por una inadecuada lectura de los problemas se permite su prolongación en el tiempo, las consecuencias se muestran evidentemente nocivas para el conjunto de la población que sufre molestias y carencias de todo tipo que aumentan la tensión hasta extremos peligrosos. De igual manera, las secuelas inmediatas de los conflictos prolongados no solo desgastan aún más la imagen del Gobierno, sino que menoscaban su credibilidad.
Las recientes noticias de prensa han recogido evidencias abrumadoras sobre la creciente espiral de violencia en el país, que ha encontrado su mejor caldo de cultivo en los prolongados conflictos sociales que no ha podido, o no ha querido, resolver el Gobierno. Si se considera que la mayor parte de estos conflictos ha tenido su origen en decisiones gubernamentales consideradas desatinadas, tanto en la oportunidad como en el enfoque, resulta sensato esperar que los problemas se resuelvan por la lógica de la política: retroceder para avanzar. Porque conviene recordar que los conflictos largos alientan la introducción de elementos ajenos a los mismos, que solo empeoran las cosas.
En un país como Bolivia, con escasa vertebración caminera, el bloqueo de las vías nacionales constituye un enorme perjuicio tanto para los sectores productivos como para el conjunto de la población. En los hechos, el sector exportador ha informado la pérdida de hasta 1, 3 millones de dólares por día por causa de los bloqueos. Estas son pérdidas intolerables para un país pobre y atrasado que lucha penosamente por conservar los escasos mercados de la región, porque además del perjuicio económico se le plantea la dura perspectiva de perderlos. Por otra parte, la interrupción de la libre circulación caminera impide que muchos productos alimenticios lleguen a los centros de expendio.
Resulta evidente que esta creciente situación de tensión social global repercute entre la población, que indefensa ante el repentino alza de precios de los productos de la canasta familiar, ve impotente cómo cunde el agio y la especulación en los centros de consumo. Esta situación se agrava cuando las autoridades locales y nacionales han perdido el poder para imponer el principio de autoridad en un clima beligerante. Por donde se vea, si no se actúa con prontitud, el círculo vicioso de los conflictos sin resolver puede agudizar el malestar social general y acumular manifestaciones de creciente violencia que deriven en la auténtica eclosión social que provoca la desestabilización del sistema.
Hace falta evitar esos extremos. La democracia boliviana ha costado mucho al pueblo boliviano como para que se la arroje por el abismo de la anarquía. Por ello, resulta más sensato desactivar los conflictos a través de la flexibilidad, la prudencia y la cordura, porque los costos son muy altos. Mientras más pronto se evite la injerencia de intereses políticos más rápido se resolverán los conflictos. El de salud amerita con urgencia volver a fojas cero para encarar soluciones duraderas. El conflicto del Tipnis requiere mucho tacto, paciencia y tolerancia. El asunto salarial exige más diálogo y sentido común ante la amenaza inflacionaria. No parece sensato volver a los tiempos de la UDP.
Las recientes noticias de prensa han recogido evidencias abrumadoras sobre la creciente espiral de violencia en el país, que ha encontrado su mejor caldo de cultivo en los prolongados conflictos sociales que no ha podido, o no ha querido, resolver el Gobierno. Si se considera que la mayor parte de estos conflictos ha tenido su origen en decisiones gubernamentales consideradas desatinadas, tanto en la oportunidad como en el enfoque, resulta sensato esperar que los problemas se resuelvan por la lógica de la política: retroceder para avanzar. Porque conviene recordar que los conflictos largos alientan la introducción de elementos ajenos a los mismos, que solo empeoran las cosas.
En un país como Bolivia, con escasa vertebración caminera, el bloqueo de las vías nacionales constituye un enorme perjuicio tanto para los sectores productivos como para el conjunto de la población. En los hechos, el sector exportador ha informado la pérdida de hasta 1, 3 millones de dólares por día por causa de los bloqueos. Estas son pérdidas intolerables para un país pobre y atrasado que lucha penosamente por conservar los escasos mercados de la región, porque además del perjuicio económico se le plantea la dura perspectiva de perderlos. Por otra parte, la interrupción de la libre circulación caminera impide que muchos productos alimenticios lleguen a los centros de expendio.
Resulta evidente que esta creciente situación de tensión social global repercute entre la población, que indefensa ante el repentino alza de precios de los productos de la canasta familiar, ve impotente cómo cunde el agio y la especulación en los centros de consumo. Esta situación se agrava cuando las autoridades locales y nacionales han perdido el poder para imponer el principio de autoridad en un clima beligerante. Por donde se vea, si no se actúa con prontitud, el círculo vicioso de los conflictos sin resolver puede agudizar el malestar social general y acumular manifestaciones de creciente violencia que deriven en la auténtica eclosión social que provoca la desestabilización del sistema.
Hace falta evitar esos extremos. La democracia boliviana ha costado mucho al pueblo boliviano como para que se la arroje por el abismo de la anarquía. Por ello, resulta más sensato desactivar los conflictos a través de la flexibilidad, la prudencia y la cordura, porque los costos son muy altos. Mientras más pronto se evite la injerencia de intereses políticos más rápido se resolverán los conflictos. El de salud amerita con urgencia volver a fojas cero para encarar soluciones duraderas. El conflicto del Tipnis requiere mucho tacto, paciencia y tolerancia. El asunto salarial exige más diálogo y sentido común ante la amenaza inflacionaria. No parece sensato volver a los tiempos de la UDP.
La creciente espiral de violencia en el país ha encontrado su mejor caldo de cultivo en los prolongados conflictos sociales que no ha podido, o no ha querido, resolver el Gobierno.
martes, 8 de mayo de 2012
llegar a la dramática conclusión que "no hay gas para Jindal" y por tanto posponer la producción del hierro del Mutún, es otro gran fracaso del MAS. Humberto Vacaflor
Cinco años después de haber traído a la Jindal Steel & Power a Bolivia, el gobierno no sabe cómo deshacerse de este testigo incómodo que ha venido a poner en evidencia que no hay gas natural para el desarrollo de Bolivia.
En las últimas horas parece haber descubierto la fórmula para eliminar al testigo: la ruptura del contrato “por incumplimiento” de parte de la Jindal.
Lo que le pasó a esta empresa podría servir como escarmiento para todas las empresas que quisieran venir a invertir en Bolivia.
Tres años demoró el gobierno en cumplir, sólo en una mínima parte, su compromiso de entregar los terrenos donde la empresa debía operar para ejecutar el proyecto siderúrgico.
Llegó un momento en que un funcionario de Jindal preguntó al gobierno si quería que la planta siderurgia la instale en la punta del cerro, o en el aire.
Resuelto, en parte, ese detalle (en el camino quedaron dos ministros de minería cambiados y un gerente de la empresa estatal acusado de corrupto por el propio gobierno), la empresa comenzó a construir las instalaciones y traer los equipos.
Fue cuando el gobierno descubrió el peligro: la empresa iba a necesitar gas natural, un combustible que está destinado sólo a la exportación.
Había que ahuyentar a este testigo. Se ejecutó una boleta de garantía con el argumento de que era la empresa la que estaba incumpliendo. La idea era que decidiera hacer maletas e irse.
Desde entonces el forcejeo se ha hecho intenso. Ministros van, ministros vienen y todos ellos dicen que la Jindal tendría que irse.
¡No hay gas, señores!
La semana pasada la empresa dio una explicación clara: para el cronograma de avance que está incluido en el contrato, necesitaría en el año 2014 por lo menos 4,5 millones m3/d de gas, y que en 2015 requeriría 5 millones.
En vista de que YPFB le hizo decir que en 2014 sólo podía asegurarle (¿?) 2,5 millones, la empresa dijo que, entonces, sería preciso modificar el plan de avance del proyecto, limitándolo a las menores disponibilidades de gas. Ahora está a punto de romperse el contrato.
La solución sería que la empresa use carbón vegetal, como el que Bolivia sigue exportando en volúmenes que nadie controla, hacia Chile, Perú y Brasil
A falta de gas, buenos son los bosques del país.
viernes, 4 de mayo de 2012
fuerte olor a quemado. el himno nacional se utiliza para todo "como presagio de más quemazones", comprometiendo a las FFAA. Manfredo Kempff
El olor a pólvora es el de la guerra, el de los tiros, los morterazos y las bombas; eso no se huele todavía en Bolivia. Se huele a quemado, a desmoronamiento, a destrucción. Es el olor de la nación incendiada, que arde por los cuatro costados, donde sus pobres habitantes esperan un milagro, ni siquiera que los lleve a tiempos más prósperos, pero, aunque sea, a la República, donde se pasaba mal pero donde también los gobernantes eran juzgados duramente por el pueblo, a tal extremo que algunos, con razón o sin ella, se tuvieron que ir antes de cumplir con su mandato constitucional. Por supuesto que ninguno de ellos se atrevió a mencionar ni en broma la palabra “reelección” ante el peligro de ser colgados.
Ahora todo huele a quemado pero la sonrisa de S.E. no cambia, esa sonrisa no está advertida de lo que sucede, es la misma mueca festiva de hace más de seis años o más de veinte, una sonrisa pétrea, de autómata, que vale para las festividades folklóricas, como para la promulgación de leyes insensatas o la que luce para firmar las nacionalizaciones mentirosas. Parece que S.E. no tuviera el olfato suficiente que lo obligara a cambiar de sonrisa en estos tiempos; da la impresión que no advirtiera de que todo huele a quemado, que todo huele, además, muy mal. ¿No se da cuenta que él mismo va a arder en esta hoguera que no deja de atizar?
Con la misma sonrisa con la que cantaba coplas atrevidas en el Carnaval, sonríe en una Cumbre presidencial donde se encuentra perdido entre la gente, o sonríe firmando la nacionalización de la Transportadora de Electricidad española (TDE), o ríe, horas más tarde, cuando visita Margarita y con otros españoles espantados, los de REPSOL, se encuentra a sus anchas anunciando un futuro de grandeza para el país y de seguridad jurídica para las inversiones extranjeras. Claro, los de REPSOL qué van a hacer, callarse nomás, aunque saben que el próximo 1º de mayo estarán anotados en la lista de prioridades de S.E. para ser nacionalizados, es decir, para ser expoliados, desplumados. ¿La explicación? La de siempre: defensa de los recursos naturales ante la voracidad de las empresas trasnacionales.
Hay que echarse a temblar cada 1º de mayo porque la casi totalidad de las nacionalizaciones (estatizaciones, reversiones) no son de provecho para la nación. Por el contrario son más leña para esa humareda que envuelve a la patria y que, unida al humo de los gases lacrimógenos y los cohetes de los marchistas, que en estos momentos están estallando, provoca esa impresión de que Bolivia está ardiendo, de que el aire ya se ha tornado irrespirable, de que ya no se puede aguantar más. Santa Cruz humea en Pailas y tiene obstruida su comunicación con el Beni y Chiquitos como homenaje de la cultura nacional al festival de música barroca; y humea esporádicamente en La Guardia, donde el MAS ha tumbado, mediante tramoyas, a otro alcalde elegido democráticamente, y eso amenaza el tráfico de la carretera nueva a Cochabamba. Estamos entrampados.
Lo decíamos hace mucho en la prensa: cada vez que se entona el himno nacional en la Asamblea Legislativa es señal de que alguna catástrofe ha sucedido, que se cierne alguna humareda. En cuanto se ve a los señores de sombrero con el puño izquierdo en alto y a las señoras de pollera en la misma actitud cantando voz en cuello, quiere decir que otra calamidad le ha sucedido a Bolivia, que se ha aprobado algún disparate descomunal, que se está quemando algo más de su propia esencia. El himno nacional se ha convertido en el broche de oro con que se cierra toda acción descabellada, todo aquello que viene sucediendo desde hace más de seis años y que pretende prorrogarse por otros muchos.
Si se trata de hacer homenajes a los trabajadores para el 1º de mayo mediante nacionalizaciones, se debe tener en cuenta que, a la larga, se está atentando contra las fuentes de trabajo; es decir que se está crean desocupación. El gobierno garantiza la inamovilidad de los obreros ciertamente, pero nada garantiza que las empresas continúen rentables o cuando menos en producción. Entonces la promesa es falsa.
Y dentro de esta humareda nacional el otro tema peliagudo en las nacionalizaciones es que se comprometa a las Fuerzas Armadas. Desde el día en que los militares irrumpieron armados hasta los dientes y con las caras pintadas en las instalaciones de Petrobras en son de conquista, no han dejado de estar presentes en cuanta nacionalización se ha hecho, lo que, visto con alguna sutileza, significa que el MAS está haciendo cómplice de las nacionalizaciones al Ejército de Bolivia. Que el Alto Mando sea incondicional de S.E., que siempre sonríe feliz, no es suficiente argumento para que la Institución entera tenga que aparecer como garante de los desatinos palaciegos. Además, no sabemos si los mandos medios del Ejército están tan convencidos como sus comandantes sobre las bondades de la política de tierra quemada.
sábado, 28 de abril de 2012
Henry Oporto varias décadas en un certero análisis señala 3 factores: 1. desbarajuste, 2. divorcio con el pueblo, 3. carencia de legalidad y Estado de Derecho
Una escalada de conflictos asfixia al régimen de Evo Morales. Desde el comienzo del año 2012, su gobierno no ha tenido un día de respiro, acechado por toda clase de tensiones sindicales, políticas, regionales, municipales, comunitarias. Algunas ocasionadas por el propio Ejecutivo, como sucede con el conflicto de más de un mes con los profesionales y trabajadores de la salud pública, emergente de un decreto que extiende la jornada laboral en este sector y que, en su transcurso, se ha conectado con el conflicto salarial que protagonizan actualmente los sindicatos encabezados por la COB.
La intensa conflictividad (la más alta en las últimas tres décadas) puede exacerbarse aún más con el inicio, esta semana, de la “novena marcha nacional indígena” en defensa del territorio indígena TIPNIS. Esta marcha, y las acciones de grupos oficialistas para detenerla, amenazan con reeditar la confrontación entre indígenas y gobierno, de hace menos de un año atrás, signada por graves episodios de violencia y represión policial.
El régimen se vería así atenazado por dos frentes: la presión en las calles de las ciudades, con manifestaciones, paros, huelgas de hambre; y la movilización indígena y de otros grupos de apoyo en las carreteras. ¿Y es que Bolivia se sumerge nuevamente en el caos y la ingobernabilidad? Sin duda, esta es la amenaza que se cierne sobre el país.
Hay poder pero no autoridad
Tres son los factores primordiales que subyacen a esta amenaza: i) el desbarajuste gubernamental; ii) el divorcio del régimen con las organizaciones populares; iii) la dilución de un orden de legalidad y Estado de derecho.
El régimen de Evo Morales, durante sus primeros años, exhibió una gran fortaleza política que, sin embargo, se ha ido erosionando paulatinamente, y quizá de forma irreversible. En lo que va de su segundo período (2010-2012) son evidentes los síntomas de fatiga, inmovilismo y sobre todo pérdida de rumbo. Agotada la “agenda de octubre” -lo ha dicho el propio Evo-, no consigue dotarse de un nuevo programa o plan de gobierno que le dé sentido a sus acciones, cada vez más improvisadas, erráticas y contradictorias, al punto que allí mismo se generan buena parte de los conflictos sociales. En medio del desbarajuste y las desinteligencias internas, la incompetencia de sus autoridades y funcionarios y la falta de liderazgo, son crecientes las dificultades para administrar el Estado y mantener un orden político legítimo. Hay poder, aunque mermado, pero no autoridad efectiva.
Mucho de ello se explica, también, por el quiebre en la relación del régimen con los “movimientos sociales”, su principal sostén de apoyo. Un quiebre que comenzó con el fallido “gasolinazo” de diciembre de 2010 y que se ha prolongado a través de variados conflictos y desencuentros posteriores; entre ellos la marcha indígena por el TIPNIS. Las aguas que separan al MAS de sus ex aliados indígenas, sindicales y otros sectores populares son profundas.
Como se sabe, el MAS erigió una estructura de poder de tipo corporativo, otorgando a las organizaciones populares afines una suerte de derecho tutelar sobre la acción de gobierno -de ahí el discurso del “gobierno de los movimientos sociales”-; “gobernar obedeciendo al pueblo”, etc. Los dirigentes sociales se tomarían a pecho ese derecho, ejercitando un poder de veto sobre las decisiones gubernamentales. El drama que protagoniza Evo Morales es que no puede gobernar sin el respaldo militante de los “movimientos sociales”, pero al depender de éstos, y en tanto no consigue cooptarlos o someterlos, se anula como gobierno, siendo rehén de la presión popular.
Entretanto, los conflictos desnudan la crítica situación de los servicios públicos, como la salubridad o el transporte, abandonados a su suerte y ante la completa inoperancia de las autoridades responsables.
Cuando la ley no vale nada
Los obstáculos arrecian en un contexto de des-institucionalización y disolución del Estado de derecho, pues lo que prevalece es la discrecionalidad del poder. Su contrapartida es la inseguridad jurídica, la desprotección de los derechos ciudadanos, el sometimiento de la justicia y del órgano legislativo, la falta de fiscalización y control de los actos gubernamentales, la concentración de decisiones en una presidencia autocrática. Todo lo cual implica la ausencia de medios eficaces para canalizar la solución de los conflictos mediante un sistema institucional confiable.
Pocas veces, como ahora, se ha advierte una fe tan desmesurada en la fuerza de la ley como arma de lucha política. Cualquier acto de gobierno, cualquier reivindicación o resolución de problema, corresponda o no a la naturaleza jurídica de la cuestión que se quiere dilucidar, debe pasar por la sanción de una ley. El MAS, prevalido de su abultada mayoría parlamentaria, ha convertido a la Asamblea Legislativa en una fábrica de leyes sin son ni ton. Pero se trata de un culto a la ley tan engañoso como inútil, puesto que nadie acata las consecuencias de su aplicación; y menos que nadie las autoridades de gobierno, que no tienen empacho en incumplir a cada paso la Constitución, en cuestionar y desconocer las leyes vigentes, incluso las que ellas mismas promueven; en cambiar a su antojo la normativa y, sobre todo, en utilizar la ley según sus conveniencias y las circunstancias.
Es patético, por ejemplo, el manoseo de la ley en el conflicto del TIPNIS. Un día se aprueba una norma que suspende la ejecución del proyecto carretero en ese territorio, tan solo para que al día siguiente se sancione otra norma que dispone una "consulta" para la ejecución del mismo proyecto. El mensaje es inequívoco: la ley es necesaria pero en realidad no vale nada. Lo dijo brutalmente el Presidente: “Para mí la ley no es un problema. Yo le meto nomás; después les digo a mis abogados que arreglen la parte jurídica”.
La ausencia de Estado de derecho tiene las consecuencias que ahora se ven: no hay instituciones políticas ni jurisdiccionales capaces de regular y arbitrar los conflictos. Quienes protestan en las calles no piensan en ajustar sus planteamientos y demostraciones a las normas establecidas o en acudir a los órganos estatales competentes para ventilar allí sus demandas y acatar luego sus fallos. Lo mismo se puede decir del comportamiento de las autoridades políticas. De ahí que el choque de fuerzas y el juego de presiones sea la forma preeminente del curso de los conflictos; se impone el que puede doblegar al otro, no porque la razón esté de su lado. De suerte tal que el espacio de diálogo y negociación es estrecho o inexistente, o solo se llega a él después de un mucho desgaste de energías, recursos, tiempo y con un alto costo político y económico.
Los dilemas de Evo
Si las cosas siguen en la dirección en que están, el estallido de una crisis social puede ser inevitable. La gobernabilidad está en tela de juicio, lo que hace que la coyuntura actual sea potencialmente crítica y vulnerable a eventos imprevisibles; por ejemplo, en la economía. La pregunta es si resulta posible imaginar cambios que puedan revertir los factores que socaban estabilidad social y política.
Ya no está en juego solamente el viraje de las políticas gubernamentales. Quizá la cuestión primordial sea una reforma del propio régimen; una recomposición profunda en su seno que le permita recuperar orden interno, aptitud de gestión política, coherencia administrativa, liderazgo para conducir una nueva agenda de prioridades nacionales; capacidad para encaminar un diálogo social sobre otras bases, alejadas del interés sectario de instrumentalizar a las organizaciones sindicales. Sin embargo, mientras el régimen siga en la ilusión de que su poder y su legitimidad se mantienen incólumes, se repetirá el fracaso de la Cumbre Social de Cochabamba que no le sirvió en nada al propósito de rearticular un bloque social de respaldo a la gestión de gobierno pero tampoco a la necesidad de asegurar la estabilidad social en el país.
El dilema que afronta Evo Morales es que ya no puede gobernar como antes, pero tampoco puede hacerlo de otra manera, más a tono con su nueva posición y con el realineamiento de las fuerzas sociales y políticas de los últimos dos años.
jueves, 26 de abril de 2012
un mestizo Evo vestido y coronado en Tiahuanaco engañó al mundo con un discurso mentiroso. Guido Nayar arremete
Con los muertos en la retina, del Porvenir, la Calancha, Hotel Las Américas, los perseguidos, presos y vejados en sus derechos. Hoy Evo vuelve a preparar el arma MÁS mortífera que su Gobierno ha utilizado, para imponer sus oscuros intereses, aplicando su lema “el fin justifica los medios”. La muerte, aliada fundamental en esta nueva trama, toca las puertas de nada menos que los indígenas bolivianos. Ellos han sido los supuestos destinatarios del proceso de cambio y la defensa de la madre tierra (Pachamama), el discurso central y ancestral del “Gobierno indigenista”.
Estamos en un verdadero vaciamiento del contenido ideológico y programático de un Gobierno que conquistó el voto de los bolivianos, por la nacionalización, la reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas y defensa de la madre tierra. Esto fue presentado al mundo, por un supuesto indio, quien es nada menos que el mestizo Evo Morales, vestido y coronado en Tiahuanaco. El show fue casi completo, engañando por un tiempo a un pueblo inconforme con su realidad. Apostando por alguien que había hecho del bloqueo y las marchas, el mecanismo del chantaje y la negociación más corrupta.
Los que apostaban que Evo en el poder terminaría con estas medidas, que durante tantos años han azotado la tranquilidad ciudadana y han provocado un terrible daño económico a las empresas y al propio Estado nacional, se equivocaron de plano. Por el contrario, el problema no era las medidas de presión, sino el motivo de la ilegal defensa de la hoja de coca, que va al narcotráfico en el Chapare. Hoy, verdadero interés de toda la siniestra estratagema montada contra la IX marcha indígena: Coca Sí y bosque No.
Inicios
Al anuncio de la construcción de la carreta, los pueblos indígenas de las tierras bajas, juntos con el Conamaq, dieron una de las muestras de valor más heroicas en la verdadera defensa del Tipnis. Develando el MÁS nauseabundo interés de los cocaleros y el corrupto interés de una empresa constructora que se cobra el favor otorgado en campaña.
Protagonistas
En su mayoría, los bolivianos que no solo habían votado por Evo, si no son protagonistas del actual Gobierno, que conocedores de los reales intereses de su Presidente, no tuvieron más que levantar las banderas de la protesta. No solo logró impregnar a todos los habitantes del país, sino logró traspasar cordilleras, océanos, para ser agenda del fulgurante mundo de las redes sociales y titular permanente de los medios de comunicación. Sí, el bosque está en riesgo, los indígenas son sus principales defensores de su habitad, de su presente y del futuro de un pueblo que ha respondido con su apoyo. El Tipnis somos todos, pasó de ser un slogan para convertirse en una contundente realidad.
La única verdad
El agotamiento de las tierras del Chapare, por la intensiva siembra de plantaciones de coca, demandan nuevas tierras. El incremento descontrolado de los cocales en la zona. El aumento de cocaleros que demandan MÁS espacio. Ausencia de políticas contra el narcotráfico. Incumplimiento de la ley 1008 por parte del Gobierno y permitir por la omisión que sembrar coca es una forma de ganarse la vida. Los mil millones que genera el narcotráfico, este es el interés supremo del poder actual en Bolivia.
Sin ley y sin palabra
Con una ley Corta aprobada por la Asamblea y sancionada por Evo, garantizaba la intangibilidad del Tipnis, garantizando que la demanda estaba atendida completamente. Con reuniones que se realizaron en el mismo palacio y sendos compromisos públicos ante todos los medios, se juró y perjuró que el Tipnis jamás iba ser avasallado, descartando la posibilidad que una carreta lo parta en dos y lo condene a su destrucción total.
Campaña millonaria
Desde el anuncio de la VIII marcha indígena, el Gobierno ha desplegado una de las MÁS millonarias campañas publicitarias. Desinformando, engañando y manipulando a la opinión pública, con todo tipo de spot y declaraciones. Satanizando a los que habían servido de escalera para alcanzar el poder. La mentira fue la punta de lanza.
La represión impune
Yucumo fue la población donde se había decidido reprimir y terminar con la protesta a cualquier precio. La masacre se llevó acabó con pruebas irrefutables, contra familias enteras, fueron separadas, agredidas y expuestas a la muerte. La MÁS negra impunidad reina, donde el Ministerio Público continúa su corrupta mascarada hasta el día de hoy. Donde desfilan los culpables para ser absueltos. Solo la huella indeleble del garrote y la cinta masking, está vivo en los millones de bolivianos testigo de tamaño crimen.
Escuchando al pueblo
Al otro día que partió el último marchista de la sede de gobierno, Evo y sus cocaleros se pusieron manos a la obra, desoyendo a los miles de bolivianos que había. Primero liberado de las manos policiales y después saliendo de sus casas para brindarle el MÁS apoteósico recibimiento antes visto en la ciudad de La Paz. Una vez MÁS, incumpliendo su gastado slogan: “obedeciendo al pueblo”. Los masistas continuaron con su pérfido plan, con una marcha de cocaleros financiada por el gobierno, llevando algunos indígenas que son parte del partido de gobierno. Con jugosos incentivos le daban colorido a la exigencia. Durante días el paseo se dio la tarea de otorgar el tiempo y los supuestos argumentos, para inventar una consulta dirigida, digitada y limitada. Aprobarla no fue problema, tienen la mayoría que sobra en la Asamblea, para hacer lo que le viene en ganas. Con su consulta a priori, pero celebrado a posteriori una vez más violan la ley y traicionan la mayoritaria voluntad del pueblo, pues todo se logra con mucha prensa, bastante miedo y cohecho.
Novena marcha indígena
Ante tan perverso incumplimiento, los diputados indígenas han abandonado el más. Claro, no todos, don dinero ha hecho estragos en la moral y la conciencia de bolivianos muy pobres. Algo que Evo y sus directos colaboradores saben de sobra. Regalos de todo tipo, pegas repartidas como prebenda, promesas de todo tamaño y dinero. Son la moneda que ha comenzado a moldear el escenario de beligerancia. Confrontación, apto para evitar el inicio de la protesta. El traslado de policías, militantes del MAS y cocaleros se han dado la tarea de convulsionar el Tipnis con toda clase de acusaciones personales a los dirigentes, ofertas de todo tipo. Manifestaciones orquestadas por el gobierno y sus asesores militares, cubanos y venezolanos.
Evo prácticamente se ha dedicado con exclusividad al interés superior. Haciendo uso y abuso de aviones, helicópteros y todo tipo de bienes públicos para el verdadero propósito de su gobierno, que es convertirnos en un país cuya pandemia cocalera sea imposible de revertir. Consolidando los miles de cocaleros que lo apoyan incondicionalmente. Sumando MÁS personas a la actividad, por ende al propósito político. Adquiriendo un poder económico, irresistible para miles. Imponiendo una cultura de corrupción y terror. Instrumentando el camino de la nueva reelección, que no le permite dormir. Llegó el día en que los pueblos indígenas, han levantado de nuevo la bandera de la unidad de los bolivianos. Donde la indiferencia está prohibida. Donde los prejuicios deben ser archivados. Donde debemos pasar del dicho al hecho. Donde hagamos sentir nuestro apoyo. Donde la violencia será el mayor acto de provocación del gobierno, los muertos el fin para criminalizar la marcha y con ello seguir el viejo libreto escrito con sangre, en los diferentes confines del territorio nacional.
El Tipnis somos todos
Todos los habitantes de Bolivia saben que Evo quiere dividir el Tipnis para avasallarlo con los nuevos cocales. Que hará todo para lograrlo. Que solo con tu apoyo activo el presente será preservado. Que no existe gobierno cuando el pueblo se moviliza por su vida. Que nuestros hijos también tienen derecho a conocer el bosque. Que lo indígenas deben ser apoyados no despojados. Que el bosque vive sin el hombre, pero el hombre no vive sin el bosque. ¡Basta de dividir al boliviano y su territorio! Vos sos el Tipnis, estoy seguro que harás tu parte. ¡Es hora ya!
sábado, 3 de marzo de 2012
"mastiquen toda la hoja que quieran, pero dejen de producir cocaína" parece ser según Manfredo Kempff el axioma del momento. de rodillas ante los gringos, dónde están las pruebas de Evo contra USA, mejor olvidar y recibir las migajas que el imperio otorga a los países pobres
Parece que, finalmente, la diplomacia del nuevo Estado Plurinacional va a entrar en razón una vez que ya se vislumbra una normalización de las relaciones con Estados Unidos, luego de un largo tiempo de postergaciones producto de caprichosas e incomprensibles actitudes del gobierno del MAS. Fue tal en ensañamiento contra la Unión, que S.E. llegó a expulsar al embajador norteamericano Philip Goldberg, acusándolo de conspirar con la oposición para derrocarlo, afirmando, además, que tenía pruebas al respecto. En vista de que Goldberg no había conspirado con nadie ni contra nadie, las pruebas no aparecieron jamás, como ocurre siempre que S.E. promete pruebas para justificar muchas de sus incontinencias verbales..
La iracundia contra el embajador Goldberg, contra USAID, la DEA y todo lo que oliera a “imperialismo”, le costó al país una buena millonada de dólares. Todas estas piruetas diplomáticas siempre resultan caras, nada más que para unas horas o pocos días de placer y de gloria por haber ofendido al poderoso y haberse hecho aplaudir por los pobretones. Bolivia perdió el ATPDEA fundiendo a muchas industrias textiles, perdió una buena parte de la cooperación estadounidense, pero S.E. se ganó abrazos y aplausos de sus socios del ALBA, de quienes posiblemente no conseguirá ni siquiera un respaldo unánime en la próxima reunión de la OEA en Cochabamba.
Está visto que el águila norteamericana parte en dos de un picotazo a cualquier insecto que lo fastidie. Y si no quiere hacer daño al osado bicho, basta con batir sus poderosas alas para enviarlo lejos. El ALBA quiere incomodar al águila gringa, pero esa actitud tendrá corta vida, la de los mandatarios que ahora componen el organismo. Ahora están todos en aquello del socialismo del Siglo XXI pero mañana serán otros los que presidan dichas naciones y la Alianza Boliviariana pasará a la historia como una pérdida de tiempo y de dinero.
Cuba ha sido la nación que con mayor decisión se ha enfrentado a EEUU y hay que ver lo mal que le fue. Lo que pasa es que Fidel se eternizó en el poder y subyugó a su pueblo, adormeciéndolo o aterrorizándolo, para no contaminarse con el capitalismo. A la hora de la verdad, Cuba, país culto, creativo, valiente, privilegiado en Latinoamérica, ha tenido que reconocer que su enemistad con EEUU le hizo mal; que el águila la encerró en un mar poblado de tiburones y que, en vez de ser cabeza de la América hispana y del Caribe, quedó postergada, desfasada, destinada a vivir de la cooperación soviética primero y luego de la generosidad de Chávez que tira el petróleo venezolano como su fuera su propio orín.
Está bien, por tanto, que el Estado Plurinacional se deje de buscar “pelos en la leche” con los EEUU y que recupere su pequeño mercado manufacturero y textil, amplíe su comercio en lo posible, y, sobre todo, que demuestre fehacientemente que está dispuesto a luchar contra el narcotráfico. Que venga nomás otro embajador gringo, que entremos dentro de los planes de cooperación que ofrece Washington a las naciones pobres, y que nos dejemos de majaderías antiimperialistas que son totalmente inconducentes.
Lo de la lucha contra el narcotráfico es vital y así lo debe entender S.E. y, con coraje, hacérselo saber a los cocaleros. No se debe aumentar las áreas de cultivo de coca y los catos tienen que moderarse. Pretender pasar de 12 mil a 20 mil hectáreas de coca legal en Bolivia no se justifica porque sabemos que su destino no será la boca de nadie sino sus fosas nasales. Ir a Viena para que se legalice el acullico es de una intrepidez boba, suicida. Si los diplomáticos masistas ya se están dando cuenta de que Bolivia no es una potencia mundial, que le sugieran a S.E. que no vaya a meterse en las fauces del lobo. Hay que recordarle que Viena no es Shinahota y que la Jife sabe muy bien de qué trata el asunto.
Bien que nuestra nación empiece a lamerse sus heridas y que trate de recomponer su errática diplomacia, porque si se quiere ver otro ejemplo de tozudez y bravuconería, hoy está a la vista Corea del Norte. Después de décadas de prepotencia y hostilidad hacia los EEUU y sus vecinos, nada menos que de amenazas nucleares, a dos meses de la muerte de su líder el dictador Kim Jong-il, su hijo y sucesor ha entrado en cintura. Corea del Norte ha aceptado suspender sus ensayos atómicos, no a cambio de mercados, ni de tecnología, ni de inversiones, sino a cambio de comida. 240 mil toneladas de alimentos ofrecidos por la Unión han sido suficientes para calmar los ímpetus belicosos de una camarilla gobernante que, tras años de comunismo, era miope a una realidad lacerante: su pueblo tiene hambre.
“Dejen de amenazar con fabricar armas atómicas y nos vamos a entender”, ha sido el mensaje de los norteamericanos a Corea del Norte. “Mastiquen la coca que quieran pero dejen de producir cocaína”, es el claro mensaje de EEUU a Bolivia.
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