Vistas de página en total

miércoles, 22 de marzo de 2017

llamar a elecciones, única salida legal para terminar con tanta miseria, violencia y crimen en Venezuela cuyo presidente se empecina en no escuchar a los organismos internacionales que piden un retorno a la Institucionalidad.

La situación política y social de Venezuela no puede ser peor. Quien todavía esté convencido de que el régimen de Nicolás Maduro es una democracia, simplemente está tratando de esconder una realidad lacerante que conmueve al mundo. Es tal la desesperación de los grupos que sufren la persecución que algunos claman por un pronunciamiento del papa Francisco, quien hizo lo suyo para aportar al diálogo y ahora tal vez espera que los mecanismos legales y de poder comiencen a actuar como corresponde.

En el plano social el panorama es desolador. Los medios internacionales hacen reportes que muestran una situación de guerra, de hambre y escasez que solo sería admisible en alguna nación de la África Subsahariana y no en el país que es dueño de las reservas más grandes de petróleo y que hasta hace unos años intentaba montar un nuevo imperio en América Latina. La noticia del asesinato de dos militares a manos de un grupo de niños de la calle que los atacaron con salvajismo es la mejor expresión de lo que está ocurriendo en una Venezuela que va camino al caos y la crisis humanitaria.

La paciencia parece haber llegado al límite en los organismos internacionales que aplican una presión creciente para obligar al gobierno de Maduro a dejar la represión, abandonar las políticas abusivas y corruptas del chavismo y llamar a elecciones en la búsqueda de una salida pacífica al conflicto. La Organización de Estados Americanos no ha podido ser más clara cuando ha pedido la aplicación inmediata de la Carta Democrática que demanda proscribir al gobierno venezolano, someterlo a una serie de bloqueos y torniquetes con el objetivo de obligarlo a ceder y devolver las garantías constitucionales.

La reacción de Nicolás Maduro ha sido virulenta y ha actuado casi de la misma forma que les ha respondido a todos quienes han buscado la manera de tender puentes para evitar la confrontación. El Chavismo se ha peleado con España, con Argentina, entre otros, llevando al país a un aislamiento que perjudica especialmente al pueblo que sufre hambre y que muere todos los días por falta de medicamentos esenciales que ya no hay en las farmacias y supermercados.

El último en manifestar preocupación por Venezuela ha sido el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha mencionado el caso en varias ocasiones. Recientemente dijo que estuvo hablando sobre el tema con su colega chilena Michelle Bachelet y, como para que quede claro que la Casa Blanca tiene los ojos puestos en Caracas, un alto dirigente del partido republicano dijo que ningún país debería temerle al nuevo mandatario norteamericano, excepto Venezuela. Todo indica que, antes de evitar cualquier entredicho que complique las cosas, el magnate neoyorquino está buscando cómo “rodear el toro”. Tal vez en ese mismo contexto se pueda entender la reciente visita a Bolivia de un alto funcionario de Estado de Washington. Lo hace cuando en nuestro país parece recrudecer la persecución política.

La paciencia parece haber llegado al límite en los organismos internacionales que aplican una presión creciente para obligar al gobierno de Maduro a dejar la represión, abandonar las políticas abusivas y corruptas del chavismo y llamar a elecciones en la búsqueda de una salida pacífica al conflicto.

jueves, 16 de marzo de 2017

Renzo Abruzzene desde El Deber, muestra con claridad meridiana que "los poderosos" un dia dejan de serlo y que "la sangre de los justos" les persigue para siempre jamás. es que no se puede ser eternamente impune.

Leopoldo y el ‘síndrome de encumbramiento’


Es desde hace mucho tiempo sabido que si en algún campo de la existencia se pagan indefectiblemente los errores, es en el de la política. También es sabido que el poder nubla los ángulos de visibilidad al punto que para los encumbrados se hace difícil, muy difícil, percibir el horizonte. Este curioso fenómeno suele resultar fatal porque lo que parece estar a leguas de distancia, muy lejos aún, resulta siendo un abismo apenas unos metros más allá.

Esto que podríamos llamar el ‘síndrome de encumbramiento’ suele precipitar acciones cuyo efecto, en el mediano plazo, resulta catastrófico. Un ejemplo paradigmático lo encontramos en la masacre de la calle Harrington cuando los delirios de poder de García Meza y Arce Gómez asesinaron a un grupo de dirigentes miristas en la clandestinidad. Los entonces poderosos militares pensaron que matando opositores tenían expedito el camino a la eternidad y conquistado para siempre las mieles del poder (García Meza declaró que gobernaría 20 años). Fatal ingenuidad, a la vuelta de la esquina sus víctimas, desde la profundidad de sus sepulcros, se transformaron en sus perpetuos carceleros; desde entonces hasta hoy. 

Estas lecciones no han sido aprendidas (es otro signo del síndrome de encumbramiento). Cuando se condena a hombres inocentes con la intención de sentar un precedente que huele a escarmiento más que a justicia, como es el caso de Leopoldo Fernández, la sensación que el ciudadano percibe es que los poderosos sienten que las cosas empiezan a escapar de su control, que el círculo de sus errores los asfixia poco a poco, que los invade el miedo, y aunque no puedan verse evidencias, flota en el ambiente un aura que diseña la suerte que les espera, porque la justicia suele tardar, pero en casos emblemáticos, como el de Leopoldo, seguro llega. Es absurdo pensar que encarcelar inocentes conlleva señales preventivas; al contrario, solo es echar más leña al fuego de la hoguera de un final tortuoso, como el destino que espera a todos los responsables de haber transformado la justicia en la dama de compañía del poder instituido 

viernes, 10 de marzo de 2017

Winston Estremadoiro de mente lúcida y frondosa memoria compara Melgarejo con Morales, aunque luego abandona el intento y más bien se refiere a los "autócratas que dominan el mundo"


¿Autoritarismo aymara en Bolivia?

Pareciera que la nación entera está por caer en garras de un grupo étnico que ni siquiera es mayoría. ¿Qué otra cosa colegir de un Viceministro de Descolonización que declara, guarango ajo de por medio, “¡carajo!, nosotros vamos a continuar aquí (en el Gobierno) 500 años”?

Podría relievar, y ganas no me faltan, rasgos mestizos e indígenas destacables de Mariano Melgarejo y Evo Morales, ambos ejemplos notables de esos caracteres en la historia boliviana. Sin embargo, aunque aún impresionado por algún paralelo entre uno (el alcohol y las mujeres), y otro (la coca y las mujeres), hoy enfocaré un rasgo común, el autoritarismo.

El autoritarismo es una categoría que atormenta a las gentes de 94 países del mundo, hoy controlados por tiranos, monarcas absolutos, juntas militares o regímenes autoritarios. Casi cuatro mil millones de personas sufren el azote, más de la mitad del mundo. Lo dice Human Rights Foundation, entidad guardiana de los derechos humanos, que se pregunta por qué se socapa tamaña catástrofe. Se pregunta si la Organización de las Naciones Unidas (ONU), talego que junta perros y gatos, leones y ovejas, águilas jingoístas y ratones indefensos, no debería dar paso a una Liga de las Democracias.

Cómo no, si distorsionan los reales males del mundo: son más de 800 millones de gentes en pobreza extrema; casi el mismo número sin agua potable; la guerra ha desplazado a 65 millones de sus hogares; entre 1994 y 2013 los desastres naturales afectaron a un promedio anual de 218 millones de personas.
Garry Kasparov, ruso, y Thor Halvorssen, noruego, advierten del autoritarismo. El primero, maestro de ajedrez, me trajo recuerdos de Bobby Fischer y los encuentros épicos con Boris Spasski, estadounidense el uno, en tiempos que su país no era muy afecto al deporte ciencia; soviético el otro, oriundo de un inmenso imperio donde el crudo invierno encierra a la gente.

¿Acaso China, cuyo Presidente discurseara en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, ante lo más granado de la élite mundial, no es parte del problema? Los autores remarcan que un foro dedicado a “mejorar el estado del mundo” no debería ofrecer una palestra tan importante “al líder de un régimen represivo”. Realmente, es hipócrita que su discurso empezara preguntando “¿Qué ha ido mal en el mundo?”, cuando su país encarcela o hace desaparecer a opositores, persigue minorías étnicas y religiosas, y opera un férreo sistema de censura y control político.

China no es la única. Ahí tienen a Rusia y su Putin; a Venezuela y su Maduro; a la Turquía de Erdogan o la monarquía religiosa en Arabia Saudita; al régimen fanático de los ayatolas en Irán; a la dinastía rabiosa de Corea del Norte; a la Cuba de los Castro; a Egipto y a Ruanda: ¿a quién le importa Bahréin, Kazajistán, Guinea Ecuatorial, la dictadura en Zimbabue? Imaginen, hoy hasta un puntal de la democracia ha resbalado por el voto en manos de un arbitrario mandamás. ¿Será que la democracia no es el remedio, porque la injusta ambición de poder siempre vencerá?

El Gobierno de Evo Morales parece estar en franco resbalón a un régimen autoritario, uno de cuyos rasgos es el prorroguismo en el poder. Así le faltara un poquitín para llegar a la longevidad de Robert Mugabe en Zimbabue, país africano parecido a Bolivia por mediterraneidad, la pobreza con ilusión de riqueza, y según algún mandamás ebrio de rencor étnico, la presunción falaz y racista de que ambos países están escindidos por negros y blancos allí, y aymaras y q’aras aquí.

Pareciera que la nación entera está por caer en garras de un grupo étnico que ni siquiera es mayoría. ¿Qué otra cosa colegir de un Viceministro de Descolonización que declara, guarango ajo de por medio, “¡carajo!, nosotros vamos a continuar aquí (en el Gobierno) 500 años”? Para no ser acusado de sacar de contexto sus declaraciones, añado que aseveró que “los aymaras no hemos venido al Palacio de Gobierno a visitar, hemos venido… a quedarnos. Lo que tienen que hacer los q’aras es aprender a vivir en democracia, aprender a ser gobernados por sus mayorías, y ellos, como minoría, aceptar”.

No sé si su espuma rabiosa se debe a la ignorancia o al fanatismo, pero sus palabras merecen ser desmenuzadas. Uno, la democracia no es privativa de un grupo étnico por 500 años en ninguna parte. Dos, en democracia manda el voto en las urnas y las papeletas no siempre obedecen líneas étnicas ni geográficas. Tres, el mestizaje biológico y cultural es la mayoría en Bolivia, algo que quizá prueba el cabello ondulado del vociferante. Cuatro, si de mayorías se habla, entonces los quechuas lo son, no los aymaras. La diferencia es quizá que los unos están disgregados en el territorio (norte de La Paz, valle cochabambino, norte de Potosí, etc.), mientras los otros están amontonados, cual sitiando a la sede de Gobierno, alrededor del lago Titicaca, la ciudad de El Alto y el altiplano vecino. Tal vez por eso tienen atenazada a La Paz, pienso yo. Han logrado mayor nivel educativo, o si quieren, mayor formación ideológica en la retórica racista al revés de Fausto Reynaga y otros.

Repito que soy boliviano y por mí pueden quedarse con Chuquiago. De todas formas, la capital del país debería responder a nuevas realidades en esta patria inmensa y poco poblada. Sin embargo, el reciente voto del represor de Chaparina en Naciones Unidas, confirma que Bolivia se alinea con el “Club de las Dictaduras” y no con el sistema de repúblicas democráticas en el mundo.
El autor es antropólogo

domingo, 19 de febrero de 2017

Andrés Gómez suele ser meticuloso a tiempo de fundamentar sus razones, en este caso sobre el 21F. satisface que lo explique tan claramente en tres grupos, democráticos, constitucionales y de aspectos morales. atención jóvenes leer con atención y luego salir el martes 21F para hacer acto de presencia cívica.

Hubo y hay marchas por pegas, marchas por aumento salarial, marchas por intereses sectarios, marchas por la coca que se va al narco, marchas por un programa de TV, marchas por ambiciones personales "contrabandeadas” en colectivos sociales y también marchas sólo por joder; pero es la primera vez en Bolivia que habrá este martes 21 de febrero (21F) una marcha en defensa del voto popular, fuente de origen y poder de todo gobierno democrático.  
 
Y también ese mismo día, por primera vez, habrá una marcha para desconocer el voto. Ni los dictadores habían armado algo igual. En este bando estarán los masistas, inspirados en su guía, el presidente Evo Morales Ayma, que en días pasados advirtió que no quisiera llegar a anular el voto del referendo. En palabras sin edulcorantes quiso decir que le vale un pepino el voto de ustedes que le dijeron No el 21 de febrero y le adelantaron la invitación para que se vaya a su casa al mediodía del 22 de enero de 2020, porque ese día terminará su contrato con el pueblo.
 
¿Algún presidente de la era democrática había osado desconocer el voto del pueblo regulado en la Constitución? No, entonces cómo se explica que un presidente surgido de las urnas mande al tacho de la basura precisamente esas urnas que lo llevaron a palacio. Si no respeta la fuente de su poder, no te respeta ni respeta la democracia.
 
Ante tamaña osadía, que huele a tiranía, ciudadanos y ciudadanas tienen las siguientes razones para salir a marchar el 21F.
 
Razones democráticas:  
 
Bolivia eligió como sistema de gobierno y forma de vida la democracia, que en resumen tiene tres componentes: reglas, voto y prácticas. 
 
La regla se materializa en una Constitución que establece las condiciones o requisitos del voto, a través del cual cada persona delega parte de su soberanía al gobernante elegido, a quien a cambio le impone como su servidor o empleado prácticas democráticas, entre ellas, concertación, transparencia y, por supuesto, respeto a la voluntad soberana manifestada en el sufragio.  
 
El presidente Morales tiró hasta este momento al inodoro la Constitución, el voto y las prácticas democráticas. Y, como bien sabes, la diferencia entre un tirano y gobernante democrático es simple: éste respeta los tres componentes de la democracia, aquel no. 
 
Este martes unos marcharán en defensa de la democracia y los masistas para herirla de muerte. 
 
Razones constitucionales:
 
La Constitución no es más que el límite del ciudadano al poder. No sólo contiene reglas, postulados, sueños, aspiraciones, utopías, sino un acuerdo de convivencia. 
 
Justamente, parte de ese acuerdo es el artículo 168, que establece para el presidente y vicepresidente una sola reelección y un periodo máximo de 10 años en el gobierno. 
 
Además, la Constitución recoge principios de la cosmovisión de los pueblos indígenas, entre ellas la rotación en los cargos públicos por tres motivos: 1) garantizar igualdad en el ejercicio del derecho político de participar en la conformación de un gobierno; 2) evitar que una autoridad privatice un espacio público y lo disponga, use y goce como si fuera suyo por la cantidad de años que permanece en un cargo; y 3) facilitar el control social y la transparencia.
 
Los masistas marcharán por la violación a la Constitución que redactaron ellos mismos; los ciudadanos, por el respeto a ella.
 
Razones "Morales”:
 
Evo Morales juró respetar la Constitución y prometió en al menos tres ocasiones no ir a la reelección, sino retirarse a su chaco, abrir un restaurante y respetar el voto. 
 
El 21F los ciudadanos que marcharán le exigirán que cumpla su palabra, porque es un deber moral constitucionalizado ama llulla (no mentir). Los masistas marcharán para que su jefe viole su propia palabra.   
 
¿En cuál de las marchas participarás? De tu decisión depende que la democracia siga respirando. 
 
"No te detengas”, diría el poeta Walt  Whitman, "no permitas que nadie te quite el derecho a expresarte que es casi un deber (…), no caigas en el peor de los errores: el silencio (…), no podemos remar en contra de nosotros mismos: eso transforma la vida en un infierno”. 

Andrés Gómez Vela es periodista.

martes, 7 de febrero de 2017

sobre Derechos Humanos y Democracia discurre el acertado razonamiento de Javier Paz García que marca las características de ambos conceptos que conviven aunque sacrificando los primeros en favor de un Estatismo que crece, abruma y protege al poderoso.

Existe mucha confusión con los conceptos de democracia y derechos humanos. Mientras la mayoría de la gente considera que los derechos humanos son una serie de privilegios y dádivas que tiene que otorgar el Estado, otros creen que la democracia es casi un sinónimo de derechos humanos. 

La libertad de elegir y ser elegido para un cargo público es uno de los derechos que tenemos como ciudadanos, pero no es el único y aunque un régimen democrático por su naturaleza tiende a ser más respetuoso de los derechos humanos que un régimen no democrático, la democracia por sí sola no garantiza el cumplimiento de tales derechos. Y es que mientras la democracia es el gobierno de la mayoría, los derechos humanos son la garantía de protección de la vida y la libertad de las personas, protección que un Estado debe procurar contra los caprichos de los gobernantes de turno e incluso contra los caprichos de la mayoría.

Para demostrar la diferencia entre ambos conceptos, no hace falta más que ver los regímenes de Hugo Chávez, en Venezuela; Cristina Fernández, en Argentina, o Evo Morales, en Bolivia. De ninguna manera se puede discutir la naturaleza democrática de estos regímenes; conquistaron el poder en elecciones libres y mantuvieron una alta popularidad durante sus mandatos. Y, sin embargo, cometieron violaciones a los derechos humanos de manera sistemática y premeditada. La libertad de expresión (y su corolario, la libertad de prensa) y la propiedad privada fueron sus principales víctimas, pero también hubo persecución política, terrorismo de Estado, asesinatos y homicidios que configuran una serie larga de violaciones de los derechos humanos y, a pesar de todo esto, mantuvieron el apoyo de la mayoría de los votos.

Históricamente, el mayor violador de los derechos humanos ha sido el Estado, incluso en los regímenes democráticos. El principal rol de una Constitución debería ser limitar el poder del Estado y proteger las libertades individuales. Lamentablemente muchas constituciones hacen lo contrario: agrandan los poderes del Estado a costa de la libertad de las personas. La vigencia democrática, aunque necesaria, no es suficiente para garantizar la vigencia de los derechos humanos y, como los ejemplos anteriores lo demuestran, la mayoría del pueblo puede circunstancialmente apoyar y ser cómplices de gobiernos que hacen de la violación sistemática de los derechos humanos una política de Estado 

sábado, 14 de enero de 2017

desde el portal EJU.TV Jorge Quiroga ex-presidente y Jefe del Partido Demócrata Cristiano se refiere a las declaraciones de EVO "es un mal boliviano, en lugar de alegrarse por la designación de un boliviano a un cargo honorífico en la OEA muestra descontento" la réplica de Tuto abarca todo un abanico de temas.


Tuto a Evo: Deje de disfrutar, viajar, jugar futbol y dedíquese a gobernar

-

Cruce de palabras a través de los medios
Luego que el presidente Evo Morales anunciara su reaparición en las canchas de futbol y lo calificara como “heredero de la dictadura” a pesar de considerarlo “su amigo”, el expresidente Jorge Tuto Quiroga, devolvió gentilezas en una conferencia de prensa, donde le pidió al Jefe de Estado, a que en vez de disfrutar del poder, viajar y jugar futbol, se dedique a gobernar porque los ingresos del país están cayendo con la reducción de las compras de gas en Brasil y las multas de Argentina.
Morales aludió desde Palacio de Gobierno  al exmandatario, por su reciente nombramiento como jefe de la Misión de Observación Electoral de la OEA para las elecciones de Honduras en noviembre, y aseguró que la OEA agrede al pueblo boliviano cuando designa veedor a Tuto Quiroga.
“Es mi amigo, no solamente de ahora, cuando nos juntamos hablamos bien, hermanos. Nos tratamos bien y por la prensa nos atacamos, ese es el problema que tengo con Tuto. De frente nunca nos hemos ofendido, pero si por la prensa. Pero el pueblo boliviano sabe que es heredero de la dictadura. Cuando era vicepresidente jugamos futbol, yo armaba para que meta gol, ahora no arma para que yo meta gol”, afirmó el presidente.
Quiroga calificó de  vergüenza esa declaración porque pone al mandatario en plano de un mal boliviano y un mal amigo, cuando debería sentir orgullo que un boliviano sea tomado en cuenta para misiones internacionales.  Además recordó que Evo Morales votó durante años para que el “chileno rabioso de José Miguel Insulza” sea secretario general de la OEA.
Dijo que la alusión a Banzer es una actitud de “cinismo y de dañar la memoria de una persona fallecida” y pidió que lo dejen descansar en paz y que la historia lo juzgue. Sin embargo considera que es una manipulación y fobia personal, por sus recientes observaciones legales y constitucionales a la intención de habilitar a una cuarta candidatura a través de la renuncia anticipada.
Justificó su acusación de cinismo, mostrando fotografías donde Evo Morales hace a Betty Tejada de Prada, vinculada durante años a la familia Banzer, presidente de la Cámara de Diputados. También imágenes de Juan Ramón Quintana funcionario del Ministerio de Defensa del exministro fallecido Fernando Kieffer en el gobierno de Banzer y emplea a Jorge Crespo, ex funcionario de Banzer.
Aseguró que Morales se abrazó durante años con Enrique García presidente de la CAF  que trabajó durante años con Banzer cuando en la década de los años 70, él tenía 14 años y Evo Morales 15.
Lo mismo pasa con Javier Murillo de la Rocha que trabajó 40 años con Banzer y siendo joven diplomático estuvo en la negociación de Charaña; a Gustavo Fernández que fue cónsul de Banzer en Chile y Carlos Iturralde excanciller de Banzer, a quienes Morales invitó por el tema marítimo y por lo cual dijo haber felicitado al presidente por tratarse de un tema de Estado.
Se declaró orgulloso de participar a temprana edad en el gobierno de Jaime Paz Zamora en el que se negoció el contrato de venta a Brasil con el exministro de Hidrocarburos Hebert Müller. El mismo sentimiento expresó por haber estado al lado Hugo Banzer porque en ese gobierno se hizo el gasoducto para vender gas a Brasil, de cuyos ingresos hoy el gobierno se vanagloria, agregó.
Manifestó que ese contrato transformó a Bolivia y Morales recibió un país con contratos y reservas de gas, que por el efecto chino los ingresos fueron 20 veces más que en otros gobiernos.
Quiroga recordó que hace años viene advirtiendo sobre una baja en las ventas de gas de Brasil y Argentina, pero Morales recién hace un mes descubrió que Brasil ya no compra lo mismo y que Argentina multa por incumplimiento de contratos.
“En vez de viajar, disfrutar, jugar futbol, jugar al Dakar, dedíquese a gobernar señor Morales. Hace mucho tiempo se sabía que se iba a reducir las compras de gas y recién en enero de 2017, viene a descubrir el agua tibia, después que Brasil nominó menos hace un mes. Igual que el tema de agua y recién cuando abren la pila se dan cuenta que no hay agua”, indicó.
Exhortó a tomar en serio la renovación de contratos con Brasil que se acaba el 2019, contando con gente competente porque los ingresos económicos ya han bajado. “Pido al licenciado en matemática que calcule cuánto se han reducido los ingresos”, dijo el expresidente.

viernes, 23 de diciembre de 2016

gracias a Puka que nos privilegia enviándonos su fértil producción, aunque como hoy el título es "atrevido aunque aclara que son frases de Evo" las que recoge para dirigirse al mismo. Puka goza de gran popularidad y sus textos son siempre muy leídos...pero nunca desmentidos por los mandamases que al parecer no tienen argumentos...


Morales Ayma, delincuente confeso


Puka Reyesvilla

Antes de que las hordas del régimen descarguen su consabida artillería descalificadora –“racista”, “agente de la CIA”, “vendepatria”, “cartelero de la mentira”, etc.- contra el autor de estas líneas, voy a curarme en salud: no hago otra cosa que emplear los mismos términos que el señor Juan Evo Morales Ayma usó para referirse a otros ciudadanos con objeto de sacárselos de encima cuando se le cruzaron en el camino. “Delincuente confeso” por aquí, “delincuente confeso” por allá, fue el sonsonete que se le pegó durante una temporada. Posiblemente alguien mencionó tal cosa, al susodicho le gustó y comenzó a repetirla a discreción, sin reparar en el alcance semántico, stricto sensu, de la muletilla. Mi lógica es: Si el caballero se ha referido de tal manera a ciertas personas, ¿por qué no puede este ciudadano referirse al caballero en los mismos términos, máxime si aplicados a éste se cumplen a cabalidad?

Me explico. Para que alguien pueda ser catalogado como, por ejemplo, “acosador confeso” tiene que haber una admisión explícita, en primera persona, de un hecho de acoso cometido por tal sujeto –digamos, “desde hace cinco meses, vengo asediando sexualmente a la señorita X”. Hay, también, formas más sutiles de hacerlo: con rodeos (“no soy acosador, pero…”), mediante preguntas (“¿acaso no me vieron perseguirla a toda hora?”), o utilizando amenazas veladas. En síntesis, es necesaria una confesión.

Cuando don Juan Evo tilda como delincuentes confesos a quienes señala como tales, lo hace de manera retórica puesto que nadie ha escuchado que los aludidos se hayan autoinculpado de la comisión de algún delito –caso contrario, las autoridades judiciales ya habría procedido a aprehenderlos (aunque no se hallan lejos de ello, pero por otras razones)-. Si mañana aparece alguien confesando que asaltó una remesa de la Universidad de San Simón (dado que, de pronto, le vino un remordimiento de conciencia) lo menos que puede hacer la autoridad es arrestarlo como sospechoso del ilícito –preventivamente-.
Así, llegamos al convencimiento de que a quien mejor le calza aquello de “delincuente confeso” es a Su Excelencia, dado que en su caso sí existe una confesión –incluso más de una- que lo involucra en la comisión de hechos ilícitos.


Un primer antecedente –dejando de lado el trillado “yo le meto nomás”-, una confesión más o menos explícita fue “Recordarán ustedes el año 1997, los movimientos sociales me plantearon la candidatura a la presidencia de la república… Acepté porque había un congreso…especialmente el movimiento indígena originaria, era en Potosí. Después de aceptar, retornando de Potosí a Cochabamba, me arrepentí y pensé como un narcotraficante, un asesino, podía ser presidente…” (sic)

Pero el certificado de confesión llegó este 15 de diciembre. “Si vamos a estar toda la vida sometidos a la ley, no se puede hacer casi nada”; a confesión de parte… La por demás clara admisión presidencial de su delincuencial accionar es aún más alucinante considerando que, al menos desde 2009, Morales gobierna con sus propias leyes –CPE incluida-. ¿Le incomodan sus propias normas? ¿No juró, acaso, cumplir y hacerlas cumplir? ¿Qué clase de delincuente tenemos como Presidente?
Por provenir de quien provienen, dichas confesiones pueden tener devastadoras consecuencias sobre la pedagogía de la democracia al colocarnos más cerca del estado de naturaleza que del Estado de derecho –cuya versión en inglés, Rule of law (Imperio de la ley) es más contundente-. Son una licencia para matar.
En un Estado de derecho, Morales Ayma tendría que ser detenido con fines investigativos, como el delincuente confeso que es. Las autoridades judiciales tienen la palabra.