Páginas vistas en total

domingo, 11 de noviembre de 2012

josé gramunt recurre a la Biblia y al repasar el capítulo sobre SODOMA compara con lo sucedido en YACUIBA y en otras partes de la Patria donde al parecer por la lluvia de azufre y fuego se está desoyendo al buen sentido y practicando la debacle que nos llevará por la pendiente irretornable


¿Quién no ha oído hablar de las desaparecidas ciudades del extremo oriente, Sodoma y Gomorra, donde se desplegaban todos los vicios y depravaciones imaginables? Pues algo parecido está ocurriendo en Yacuiba.
Basta echar una leída al capítulo 18 del Génesis, para imaginar cómo vivía la gente que habitaba aquellas ciudades perversas. Dios reveló a Abraham que, si los habitantes no se convertían, destruiría la ciudad haciendo llover fuego y azufre. Abraham intercedió para evitar el castigo. Yavé puso la condición de que, si podían mostrarse a 50 hombres justos se evitaría el castigo. No hallándose los 50 justos, Dios rebajó su condición a sólo 10. Tampoco los encontró. Entonces Dios envió a unos ángeles con el fin de convertir a los perversos sodomitas. Ni los ángeles lograron la conversión de la ciudad perversa. Entonces Dios mandó llover fuego y azufre. Así terminó la historia de Sodoma y Gomorra.
Ya sé que no es cosa baladí interpretar las Sagradas Escrituras y aplicarlas a circunstancias tan distintas como son las de actualidad. Pero considerando que ya sucedieron hechos semejantes en la población boliviana de Yacuiba, es oportuno analizar, aunque sea brevemente, las causas de la depravación reinante en aquella ciudad fronteriza. Todo el mundo lo sabe: el negocio de la droga, las complicidades con el contrabando y la prostitución. En pocas palabras, el general desenfreno de las costumbres. Y todos juntos, van ganando terreno, más allá de la observancia de las normas elementales de la moral pública y del cumplimiento de la ley. El Gobierno está obligado a disponer medidas rigurosas  que acaben con la perversión cada vez más extendida.
Vamos ahora a lo más concreto, el asalto a Radio Popular, de la mencionada ciudad fronteriza y a los graves daños causados a su director Fernando Vidal y a la operadora Karen Delgado que sufren quemaduras hasta de tercer grado causadas por unos encapuchados. Las dos víctimas merecen los mejores cuidados para su pronto y total restablecimiento.
Pero, además, esta barbarie suscita la pregunta de siempre: ¿A quién aprovecha? La respuesta es la de siempre. Es un aviso de unos facinerosos que se proponen silenciar la campaña de Radio Popular contra el vicio el crimen y la corrupción.
Las historias de ese tipo de crímenes vienen de atrás. Recordemos que en mayo del 2004, cuatro policías de DIPROVE fueron asesinados en Uyuni por unos contrabandistas de vehículos que hoy llamamos auteros. En febrero de este año los periodistas hermanos Víctor Hugo y Verónica  Peñasco fueros asesinados por unos cogoteros que, si no fuera por lo horrendo de su crimen, sus nombres de guerra -El matón quitacalzones y El botija- serían motivo de risa.
Entonces, vistos  los desmanes de la delincuencia que se va extendiendo -y no he citado los últimos descuartizamientos de personas- bien merecen que el Gobierno, una vez llevada a cabo una seria pesquisa, aplique todo el rigor de la ley, y por esta vía se dé seguridad a la gente honrada que vive de su trabajo y no se mezcla con las bandas de delincuentes.

No hay comentarios: