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jueves, 25 de agosto de 2011

"sic transit gloriae mundi" de este modo transcurre la gloria del mundo, efímera, voluble, vulnerable y mísera. saqueo en los palacios de un tirano llamado Gadafi







domingo, 21 de agosto de 2011

ninguna pasión. ningún cálculo. el más acendrado patriotismo en las reflexiones de Cayetano Llobet cuando muestra p.ej. las reacciones en Chile y Brasil sobre los chutos robados que Evo legaliza al margen de la Ley.


Y ahora vienen los indígenas. Los más pobres, los que tienen menos recursos, prácticamente selváticos. Los que están marchando en estos días. No deja de llamar la atención la forma en que se expresan de ellos los altos funcionarios de gobierno: si ellos no lo solicitan formalmente no habrá diálogo.

Todos los gobiernos en Bolivia —la mayor parte muy malos— deberían contar con un margen de indulgencia por las condiciones en las que tienen que gobernar. Carente de la más mínima institucionalidad, salvo el intento liberal de principios del siglo XX, y de la Revolución de 1952, nada se ha podido construir, salvo retazos de país y una cantidad innumerable de discursos supuestamente patrióticos adornados de palabrerío rimbombante, alusiones a héroes, invención de escudos y banderas, ¡especialistas en banderas!, reflejo de una sociedad desagregada instalada en el conflicto permanente, ¡cómo no!, tapando su enorme capacidad de autoindulgencia con nuevas proclamaciones de patriotismo, con nuevos discursos, con nuevas banderas.
Me surge una legítima duda cuando pienso si esa indulgencia debería también ser concedida a este Gobierno. Primero, porque es el que ha practicado de un modo más cínico el concepto de “cambio de enemigo”. Si uno recuerda los primeros años de la gestión  de Evo Morales no había ninguna duda de que su enemigo era la oligarquía de Santa Cruz, ganaderos, gente rica, a la que llenó de improperios y calificativos incluyendo el de separatistas y desde luego, el de terroristas. El Presidente, personalmente, pronunció sentencias condenatorias y, en vista de que ante esas sentencias algunos escaparon —obviamente no había ninguna posibilidad de un proceso justo— los calificó de delincuentes prófugos.
A partir del gasolinazo, las cosas cambian. El nuevo enemigo, son las clases populares que se rebelan en las calles de La Paz. El Vicepresidente, con su enorme facilidad académica, diagnostica que la COB —que había sido su fiel aliada hasta entonces— se ha convertido en un organismo infiltrado por la extrema derecha fascista.  ¿Dónde estaba esa “extrema derecha”?  ¿En qué cubil estaba refugiada hasta entonces?
Y ahora vienen los indígenas. Los más pobres, los que tienen menos recursos, prácticamente selváticos. Los que están marchando en estos días. No deja de llamar la atención la forma en que se expresan de ellos los altos funcionarios de gobierno: si ellos no lo solicitan formalmente no habrá diálogo. ¿Se mantendría ese tono peyorativo, si siendo también indígenas, los marchistas fueran cocaleros?  Obviamente, para el Gobierno no todos los indígenas son iguales… ¡Hay indígenas de primera y de segunda!  ¿Será que el neoliberalismo se aprende tan fácilmente?
Pero hay más. Cuando dicta leyes para facilitar el ingreso, comercialización, legalización de los autos “chutos”, ¿no está reconociendo expresamente su facilidad para colocarse al margen de la ley?  Conste que por información oficial procedente de las representaciones de Chile y Brasil, entre esos autos se encuentran cientos de robados en Chile y ¡más de 4 mil en Brasil!  Es decir que nos estamos convirtiendo no sólo en un almacén, sino en el principal almacén de autos robados y chutos en Sudamérica.
Añadimos las cantidades de coca y de cocaína que se trafica por Bolivia y casi tenemos el cuadro completo. Ahora la repetición de la pregunta central: ¿hay alguna condición, próxima o remota, para impedir que esta situación pueda revertirse?  En condiciones de institucionalidad cero, en situación  de profunda desagregación social, ¿alguien puede, con alguna esperanza de éxito, enfrentar esa tarea?

lunes, 15 de agosto de 2011

jefes castrenses gozan de laderos de Evo que les permite aburguesarse. el populismo más vulgar se apoya en el militarismo agotado su discurso. El Dia, SC


El presidente Morales acaba de darles a los militares la mejor garantía de lealtad hacia ellos y, por supuesto, les ha pedido que se constituyan en el pilar fundamental de su Gobierno, aquejado por falta de credibilidad, crisis de legitimidad y, más que nada, por una copiosa pérdida de apoyo popular, que se traduce en el constante brote de disidencias internas.

El pasado domingo, cuando se festejaba el 186 aniversario de las Fuerzas Armadas, el Primer Mandatario liberó de toda culpa a los militares que están acusados de graves crímenes cometidos en las revueltas de octubre de 2003 en las que murieron más de 60 personas. Dijo que los uniformados simplemente cumplían órdenes políticas, afirmación que en las actuales circunstancias, equivale a comunicarle a la Corte Suprema de Justicia la decisión del régimen de declarar inocentes a los uniformados implicados en el proceso denominado “Octubre Negro”.

Las elecciones del 16 de octubre, que en realidad serán un nuevo plebiscito para el MAS, ya se presentan como un fracaso anticipado del oficialismo, cuya base social de sostenimiento podría irse por el despeñadero. La crisis económica mundial se traducirá en una reducción de ingresos para el Estado Plurinacional y mermará sus posibilidades de atender sus redes clientelares. La aplicación de un “gasolinazo” será cada vez más inevitable, lo que anticipa un escenario convulsionado en el que los militares pueden ser vitales para asegurar la estabilidad política.

Los militares, junto con los cocaleros y otros sectores incondicionales  al régimen, han sido los más beneficiados por el “proceso de cambio”. Adquisiciones multimillonarias en el área de defensa, aviones, helicópteros, mejoras en los cuarteles, ingresos  extraordinarios y otras ventajas salariales, han conseguido un disciplinado alineamiento de las Fuerzas Armadas a las directrices políticas de Evo Morales, quien ya no duda en reconocer y expresarlo públicamente, que de las botas y las bayonetas depende su continuidad en el Palacio Quemado.

El populismo no tiene otra opción. El militarismo siempre ha sido la única salida de los caudillos después de agotados los discursos y traicionadas todas las expectativas que se habían generado en la población. En Bolivia, un país que jamás ha podido consolidar un poder estatal institucionalizado capaz atender las necesidades de las grandes mayorías y al mismo tiempo, imponer su autoridad con la fuerza de la ley y la ética, las Fuerzas Armadas han sido la muleta imprescindible de los gobiernos democráticos y también el recurso de emergencia en los constantes periodos de inestabilidad.

Nadie esperaba, sin embargo, que este fenómeno se produzca durante la administración de Evo Morales, el presidente que mayor apoyo popular ha conseguido en la historia democrática de Bolivia y que al mismo tiempo, ha gozado de un periodo de bonanza nunca visto en los 186 años de vida republicana, que le hubieran permitido atender con cierta soltura las demandas de la población y encaminar al país hacia un horizonte de desarrollo y prosperidad, pilares fundamentales de la estabilidad social.

Contar con los militares es algo que en Bolivia no se puede asegurar por mucho tiempo. Nadie duda de entusiasmo que sienten los jefes castrenses de seguir de laderos de un régimen que se ha mostrado tan sólido hasta ahora y que les ha permitido gozar de un prolongado periodo de aburguesamiento. No obstante, los sucesos de octubre de 2003 todavía están muy frescos en la memoria de todos y es posible que nadie esté dispuesto a revivirlos. Eso se pudo comprobar muy claramente hace poco, cuando el Gobierno decretó el gasolinazo.
El populismo no tiene otra opción. El militarismo siempre ha sido la única salida de los caudillos después de agotados los discursos y traicionadas todas las expectativas generadas en la población.

viernes, 12 de agosto de 2011

PROTESTAS EN CADENA. SE ACERCA EL FIN? lunes marcha indígena por el TIPNIS. lunes marcha Potosí por desatención. lunes El Alto convoca a paro con bloqueo. otros conflictos y gasolinazo. (La Protesta. LP)


El lunes 15 arranca la marcha indígena desde Trinidad en defensa del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), amenazado por una carretera que pretende construir, cortándolo en dos, el gobierno en acuerdo con Brasil y transnacionales.
El lunes 15 se realiza una marcha convocada por el COMCIPO en Potosí, ante la falta de satisfacción de sus demandas del gran paro de Potosí del año pasado.
El lunes 15 la FEJUVE de El Alto convoca a un paro con bloqueos por falta de recursos y atención a las necesidades alteñas. Es notable que, en el caso de El Alto, la convocatoria es realizada por una conducción de la FEJUVE que fue intervenida por el gobierno, expulsando con maniobras ilegales a su legítima presidenta electa por el Congreso, Fanny Nina. Sin embargo, esta conducción, de Rubén Paz, tiene que actuar ante la presión de la base popular vecinal de la FEJUVE que ya protagonizó 2 fuertes bloqueos en dos distritos en los últimos meses. Los vecinos alteños están hartos de reclamar las obras imprescindibles para su gran ciudad, entre ellos un hospital de Tercer Nivel, una Terminal de buses y gas domiciliario para todos. Han anunciado el “bloqueo de 1000 esquinas”.
La Federación Campesina de Santa Cruz, por su parte resolvió bloqueos en todo el Departamento, cercando a la ciudad de Santa Cruz, hasta que renuncie la ministra de Desarrollo Rural y Tierras, Nemesia Achacollo.
Los colonizadores de Yapacaní han cortado la carretera Cochabamba Santa Cruz, bloqueo que reanudaron pese a la fuerte represión policial que logró desbloquear el jueves 11.
Los trabajadores de la Federación de Ecobol han manifestado que iniciarán la lucha porque se anule los procesos a 3 de sus dirigentes, que tienen proceso penal por hacer huelgas, y contra el intento del gobierno de liquidar su sindicato y derecho a la sindicalización.
Estos son algunos de los conflictos más importantes, pero hay muchos otros que “florecen” en todo el territorio nacional.
El gobierno, como de costumbre cuando alguien lo cuestiona, denuncia una “conspiración derechista”.
La derecha, por supuesto, intenta aprovechar políticamente la conflictividad social. Pero el origen de estos conflictos no tiene nada que ver con la vieja derecha política, sino más bien con la política derechista del gobierno del MAS.
Todos los conflictos tienen un denominador común, la desatención a las necesidades de las mayorías populares. El gobierno del MAS gobierna en función de los intereses de las grandes transnacionales del saqueo, como San Cristóbal en la minería, Petrobrás, Repsol y otras en los hidrocarburos, de los terratenientes exportadores de soya y otros productos, de algunos campesinos ricos, principalmente sectores de cocaleros e incluso de sectores vinculados al narcotráfico.
Así sigue amenazando con otro gasolinazo, ha negado el aumento salarial y permite el alza incontenible del costo de los alimentos, los recursos se reparten en forma groseramente desigual y las comunidades periurbanas y campesinas ven postergadas una y otra vez sus necesidades. Está dispuesto incluso a destruir un Parque Nacional en función de los intereses a los que está asociado. Esto obedece a que el gobierno, al pactar con las transnacionales y terratenientes, está en contra de una salida de fondo de expropiar y expulsar a las transnacionales y liquidar los latifundios para entregar la tierra a los campesinos e indígenas para producir alimentos baratos para el pueblo.
Este es la fuente de los conflictos y no ninguna conspiración derechista. Lamentablemente, estos conflictos son hoy totalmente descoordinados y sin un norte política que los unifique, ante la abierta traición del gobierno del MAS al movimiento popular que lo llevó al poder. 
Es necesaria por un lado una alternativa política de los oprimidos, de los trabajadores y el pueblo, como lo han planteado importante dirigentes, entre ellos Jaime Solares y Carlos Rojas.
Y hoy la primera tarea urgente es apoyar y convocar a coordinar las diferentes luchas populares, campesinas e indígenas.
La dirección de la COB que en otros tiempos centralizó la lucha obrera, popular y campesina, hoy permanece ciega, sorda y muda ante esta ola de lucha social, mientras postergó por un año el Congreso de la central. ¿Acaso no son trabajadores, obreros, gremiales, campesinos, la mayoría de los que están reclamando en los barrios populares o en el campo? ¿Acaso no participa como importante protagonista la COD de Potosí en la lucha de su pueblo?
Reclamamos a la COB que convoque a un ampliado de emergencia, convocando también a todos los sectores en conflicto, para preparar un plan de lucha nacional por todos los reclamos populares. Esto tiene que ser reclamado con fuerza por las conducciones combativas, como la COD de Potosí, la COD de Oruro, las Federaciones de Maestros de La Paz, Cochabamba y Oruro. Mientras tanto, esas conducciones, tienen que jugar un rol apoyando las luchas populares. 

domingo, 7 de agosto de 2011

Carlos Mesa es un pensador brillante, a su sereno juicio acumula un profundo conocimiento de las circunstancias históricas que trata como cuando advierte de un diálogo real para evitar la guerra.


Todos coincidimos en que éste es el primer Gobierno indígena de la historia. Lo es no por el origen étnico del Presidente, pues podríamos perfectamente demostrar que más de uno de nuestros mandatarios llevaba debajo de la levita o el uniforme militar tanta sangre indígena como Morales. Éste es el primer Gobierno indígena porque se reconoce como tal, a través de la Constitución, les ha otorgado una especial categoría ciudadana y un sentido de pertenencia y apropiación de la nación.
Paradójicamente, el maximalismo de la Carta Magna y la idea errada de que todas las propuestas académicas se vuelven realidad al convertirse en artículos constitucionales, está forzando al Gobierno a beber su propia medicina.
Desde el llano Morales exigió que se respetara la decisión de los pueblos indígenas en todo aquello que afectase a sus territorios y en consecuencia a sus propias vidas. Desde el poder tal cosa no ocurrió. 
La primera sorpresa a la vuelta de un par de años de Gobierno fue constatar que el “nosotros los indígenas” era en realidad “nosotros los aymaras”. El poder, la influencia, la teoría de lo plurinacional tuvo y tiene un sesgo aymara que se revela en casos muy concretos como el de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos. Estudio aparte merece el rol de los quechuas en este proceso. La tercera sorpresa fue comprobar que las denominadas “naciones” de los llanos son de hecho “naciones” de segunda categoría con relación al mundo andino, subordinadas al discurso político aymara, a los intereses de control de poder aymara y –lo que es más grave-- a la lógica socio-económica de los originarios de los Andes.
Aquí cabe subrayar que el presidente Morales, igual que la mayoría de los indígenas andinos, está atrapado en una forma de razonamiento del desarrollo propia de los años 60 del siglo XX. El gobernante más parecido a Morales es René Barrientos, con la diferencia de que la visión desarrollista del mandatario tarateño respondía a los paradigmas y a las miradas sobre el progreso de un mundo que no sospechaba su finitud, que no enfrentaba retos medioambientales graves y que no entendía aún la importancia de las características culturales, vulnerabilidad y obligaciones del Estado para con las diversas comunidades indígenas que habitan el país.
Esta mirada equivocada del desarrollo es no sólo grave, sino inaceptable en quien hace de la defensa de los indígenas y de la Pachamama su principal bandera.
El Presidente sigue anclado en la idea más liberal y capitalista del progreso. La industrialización entendida sólo como la instalación de industria pesada. La carretera como sinónimo de modernidad y civilización en si misma. Los tractores que abren sendas, derriban árboles y preparan la tierra para ser sembrada, como símbolo de la fertilidad de la madre tierra.
Un problema adicional es la incapacidad de establecer una relación horizontal y de respeto al otro. En la práctica, el discurso conceptual de los 500 años sólo vale para la denuncia de la explotación de blancos y mestizos sobre los indígenas, pero no cuando desde el Estado se busca imponer una decisión a otros indígenas que tienen derecho a hablar y defender sus visión de mundo, tanto por su intrínseca naturaleza como por el reconocimiento constitucional de ese derecho. Peor aún, cuando desde la lógica de los originarios andinos se pretende definir lo que es bueno y lo que es malo para el desarrollo del país, casi siempre en función de los intereses de esa mayoría andina que está cada vez más lejos de los discursos teóricos del pachamamismo, enajenados por el brutal pragmatismo avasallador de los colonizadores de la tierras bajas, que hoy no quieren llamarse colonizadores, pero que lo son más que nunca.
No se trata de postular la absoluta intangibilidad del medio ambiente, pero sí de respetar un parque nacional, sí de hacer compatible la construcción de un camino con los efectos que éste puede generar negativamente en la región donde se construye.
Esta cruda realidad nos impone reflexionar en profundidad sobre lo avanzado hasta ahora en el tema. ¿La cantidad de Tierras Comunitarias de Origen otorgadas y el astronómico número de hectáreas involucradas, responde a las necesidades reales de los pueblos beneficiados? ¿Hay una política diferente de colonización de los llanos (o como quiera llamársele hoy) a la lógica que la impulsó a mediados del siglo pasado? ¿Tenemos políticas realistas para compatibilizar los niveles autonómicos del país y la coexistencia de dos sistemas jurídicos paralelos? ¿En qué consiste, cuando hablamos de desarrollo, la filosofía del “vivir bien”?
Si no abrimos espacios de diálogo real, respetuoso para con el otro en todos los niveles, acabaremos en una guerra. Quienes creen que el autoritarismo es suficiente, padecerán de la infección y destrucción total de su propio poder. Por eso es tiempo de terminar con la esquizofrenia entre el discurso y la realidad del ejercicio hegemónico que quiere monopolizarlo todo, y que sigue pensando que el paraíso del desarrollo es el mito de la conquista de las tierras vírgenes sacrificadas en el altar del “progreso civilizador”.

 El autor es ex Presidente de la República

viernes, 5 de agosto de 2011

Daniel Pasquier profundiza el tema del TIPNIS y el intento de Evo de querer ignorar disposiciones de su misma CPE sobre territorios y derechos de pueblos originarios. credibilidad fallada la del régimen autócrata del MAS.


El presidente Evo Morales en Villa Tunari defendió el carácter anticolonial, antiimperialista y anticapitalista del proceso de cambio. Una en la frente y la otra en el pecho. No  se  puede recibir de otra forma cuando de corrido inmediatamente se tira contra el descubrimiento de América, ese hito histórico para la humanidad, aunque más relevante para Occidente, al calificarlo despectivamente como una “invasión europea”. Tampoco se justifica en base a discrepancias actuales de interpretación, cinco siglos más tarde, con lo que ha venido a conformar  un bloque de reconocimiento progresivo a la dignidad humana, traducido con diversidad de grados en la teoría y la práctica democrática casi universal.
Aunque no lo haya leído, menos estudiado, es imposible ignorar los méritos de tal hecho histórico.  Además de ilustrativo es apasionante reconocer los  antecedentes  involucrados en la búsqueda del camino alternativo a las Indias; lo que significó  el descubrimiento “casual” del Nuevo Mundo no solo para la geografía de entonces, lo que era la Tierra para el hombre hasta el siglo XV,  sino para la economía, la cultura, la filosofía y el desarrollo político general.  Se expandieron los conceptos y valores incubados en el seno greco romano para dar lugar a la construcción del mundo moderno.
Los signos de la profunda crisis del Estado Plurinacional (EP). La ruptura de la unidad en la visión de Nación y la propuesta de construcción de un nuevo Estado, planteada como refundación, ha llevado a la pérdida del concepto de soberanía nacional al distribuir la “nacionalidad” entre pueblos y étnias de confuso contenido territorial, político y social. Pérdida de unidad a causa de un proyecto excluyente de ciudadanía en términos políticos, acentuando los problemas de control político territorial, la inseguridad y, como correlato a la creciente falta de Estado, la ausencia de institucionalidad y el predominio de la actividad ilegal. La raíz de esta crisis de Estado, probablemente, tiene que ver con la falta de claridad conceptual entre los propulsores de la refundación plurinacional. Se confunden fácilmente. Cómo no darse cuenta que cuando el presidente pregona que “la mayor riqueza para cambiar Bolivia y llevar adelante una revolución democrática y cultural es la conciencia del pueblo boliviano", está expresivamente en deuda con ese mundo y esa cultura a la que menciona  casi con repugnancia. La lengua, los conceptos no le pertenecen. Ahí está quizás la raíz  del porqué no  comprende  a “Bolivia”, por qué  no acepta la convivencia en “democracia” ni la riqueza “cultural” de la diversidad en el pueblo boliviano.
El “imperialismo” bajo el hábil discurso indigenista. Se favorece  a la nación cocalera del Chapare, aunque la CPE (Art. 2)  garantiza “a todos” sus derechos, hasta el autogobierno y las entidades territoriales. Pero no les  ha preguntado a los pueblos chimán, mojeño, yuki, yuracaré si quieren cambiar de hábitat, donde siempre encontraron los medios para vivir y para vivir en paz. Se descuartizará su territorio (TIPNIS)  a costa de lo que sea. Nada valen idiomas, tradiciones ni culturas. No se les aplica el Capítulo entero del Art. 30, sobre “el derecho a la consulta previa... en caso de la explotación de recursos no renovables” y al “uso y aprovechamiento exclusivo de los recursos naturales renovables existentes en su territorio”. Esa carretera “es un crimen” (W. Estremadoiro, en El Día y www.icees.org.bo).
Pero todos perdemos cuando no se respetan los derechos de alguno. ¿Vamos a quedarnos “a mirar la naturaleza”? (Ministro Delgadillo). Ignorancia crasa o sospechoso silencio al  ejemplo de Costa Rica: el turismo ecológico en 51.000 km2, un puñete de 340 kms de costa a costa, genera los mayores ingresos al país (más que la exportación de gas del EP) con el triple de PIB, IDH alto vs medio y solo el 5 % de pobreza extrema vs 34 % del EP.  National Geographic propuso al Parque Madidi como una de las siete maravillas del mundo “imprescindible de visitar”, y del  que forman parte el conjunto Manú en Perú, Amboró y El Chore. ¿Nada que ver con nuevas oligarquías, vendepatria, terrorista y transnacional, que solo en Yapacaní, pequeña población de la provincia Ichilo (14.000 km2), tenía más de 280 fábricas de droga? La realidad del neocolonialismo endógeno. Mandar campesinos, tráfico ilegal de  madera y ampliar sembradíos de coca, para desplazar naciones reconocidas en la CPE (Art. 5.I). ¿Los indígenas se apartan del Pacto por la Unidad (MAS)? Es el aymara conductor de la defensa de los recursos naturales, de los indígenas y de los pobres a nivel mundial quien ha tomado otro rumbo. Y al hacerlo, no ha medido consecuencias. El Estado carente de institucionalidad y, sobre todo, de credibilidad, hace aguas por todos lados. No se escucha la crítica, por muy constructiva que sea, a la carencia de política económica, de inversiones (no de propaganda, que sobra),  al incremento y composición de la deuda pública (externa: 3.035 MD, interna: alrededor de otros 3.000 MD), a la dependencia (72%) de la exportación de recursos no renovables, al retroceso en las exportaciones no tradicionales; se insiste en la xenofobia no solo contra chilenos por el tema del mar, sino contra brasileros agropecuarios asentados en el oriente.
El capitalismo más salvaje se practica en el sector cocalero para conseguir que el mercado regule la compra venta de autos chutos, la importación de precursores para procesar cocaína; el cultivo de marihuana, el uso de coca transgénica para conseguir hasta ocho cosechas al año y,  tierra mar y aire para llegar con el producto  a los cinco continentes.
El Estado está sobrepasado o no existe. El presidente tendría que convocar a todos los bolivianos para enfrentar la crisis, salvo que quiera ser el único responsable de la debacle. Pero el costo, es demasiado alto. El MAS se ha divorciado de los indígenas, y de la realidad del país. Perdemos todos.