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sábado, 9 de abril de 2011

a las puertas de las elecciones generales en Perú se vierten razonamientos y orientaciones como la de Karem Aráuz que cobran valor por las connotaciones de intervencionismo de Chávez otra vez

Le quedan poco margen a favor
En un arranque de insólita justicia intelectual o estupenda gaffe,  Hugo Chávez -luego de calificar a Ollanta Humala como “buen soldado” y ante la virulenta reacción de desdeño del candidato-  declaró que “la prensa y los oponentes de Humala están tratando de vincularlo con el candidato presidencial para debilitar su candidatura”. Festiva aunque cabal aseveración.

Considerando que el predicamento del venezolano está devaluado,  no es momento de ventilar relaciones peligrosas.  Humala, quien encabeza las encuestas de un abanico de muy dispersa intención de voto, sabe muy bien que el Chávez de hoy, no es el mismo mejor mirado de hace cinco años.

Cristina Fernández como buena Kirchner, sigue apelando a recursos poco ortodoxos para mantener vigencia, pues necesita con urgencia  poner a un adlátere en la Casa Rosada que le garantice al menos, pocos sobresaltos al cobijo de un futuro gobierno afín.
La salida de Lula y pese a lo que  Chávez ojaleaba sobre Rousseff, el acercamiento con el imperio lo ha descolocado. Brasil está jugando en las grandes ligas. Nada menos quiere decir la visita de Obama a Brasilia hace unos días. 

Correa con su ego en Ecuador, anda muy metido en sus propios planes y desea mantener su independencia haciendo una guerra en solitario contra el imperialismo. El cuarteto Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua anda bastante disminuido y con similar olor a rancio al de la revolución cubana. 

En Bolivia la popularidad de Evo Morales ha bajado tan verticalmente como la de Chávez en todo lado.  Su reciente visita sólo entusiasmó a los que debe. Todos ellos clientela política del MAS y la mayoría, dependientes del aparato estatal, por lo tanto, obligados a fingirse felices y agradecidos por las donaciones que como todos sabemos, serán “regalito quita quita” en cuanto este gobierno deje el poder y será uno más de los onerosos presentes griegos que le dejarán al país.

Más de la mitad de los bolivianos no formamos parte del pueblo que dizque ama a Chávez y no nos causa el más mínimo placer verlo haciendo derroche de sarcástica chabacanería y pontificando sobre democracia, libertad e igualdad, todos ellos conceptos que en su boca pierden cualidad.

Todos hemos tenido al menos un amigo que nos trata de llevar por caminos poco edificantes. Y es opción de cada uno seguirlo o no. Gracias a Chávez al menos dos de las perlas  más oscuras del mundo, pasaron a formar parte del círculo cercano  de Evo Morales: Ahjmadinejad y Gaddafi.  Posiblemente son a ellos a los que Ollanta Humala no desea ser relacionado por ahora. 

Pese a la posibilidad de que Humala salga primero en las elecciones del próximo domingo, la segunda vuelta estará llena de obstáculos y toda cuesta arriba. El porcentaje acumulado de los otros cuatro candidatos, con matices, representan aproximadamente un 80% de lo que el Perú desea seguir teniendo. 

Durante el desarrollo del debate de los cinco aspirantes a la Presidencia el domingo pasado, fue pasmosa la intervención de Humala.  El libreto rigurosamente seguido por él con altanería sin disimulo, no da lugar a interrogantes. Es claro que el marketing político diseñado no estaba dispuesto al más mínimo  desliz en esta etapa final. A riesgo de dar respuestas sin mucha coherencia, como en realidad sucedió, no pronunciaba palabra que no estuviera escrita.  No pasó desapercibida la connotación en una de sus respuestas: “la nacionalización es un concepto político, no económico” ¡Vaya si nosotros no lo sabremos!

Es a partir de ahí de donde seguramente surgieron las mayores dudas a los indecisos. Su indudable posición extrema puede en estos momentos sobresaltar en exceso  a sus potenciales votantes. Calificar a Abimael Guzmán como “preso político” es una muestra determinante de cuáles son sus verdaderas intenciones y cuán lejos puede llegar.  No ostenta gran carisma y aparte de la consabida demagogia, nada tiene para ofrecer al Perú moderno. La situación con notable crecimiento económico y estabilidad social no juega a su favor.  Keiko Fujimori con pausados modales y fortaleza heredada y la solvente experiencia de Alejandro Toledo, son dos de los obstáculos más que suficientes. 

El hermano Perú (más hermano que otros pues nacimos siameses) ha elegido con más inteligencia por varios períodos. El potaje marxista, estalinista, socialista, populista y no sé qué más ingredientes que propugna Chávez y sus seguidores, por suerte no cala en el Perú de hoy.

El MRTA y  Sendero que de luminoso sólo tenía el fogoneo de la pólvora que mató a miles de campesinos en la sierra y causó tanto dolor en todo el país, es una vivencia que ha penetrado en la conciencia de los peruanos. Ojala,  esto sea lo que prevalezca al momento de escoger.

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