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sábado, 19 de mayo de 2012

con gran olfato periodístico y quizá por su cercanía con Argentina, Humberto advierte de la exportación de gas, coca y cocaína que llega a límites dramáticos.


Los países vecinos que compran el gas natural boliviano son también los que reciben la mayor cantidad de cocaína boliviana. El negocio ilegal, que en el caso de Argentina comprende también el contrabando de hoja de coca, está pasando por su mejor momento, incluso cuando las economías formales de esos dos países tienen dificultades.
En el caso de la crisis argentina los síntomas son muy notorios. Un fuerte estremecimiento sacude al sur de Bolivia por las señales de derrumbe del peso argentino. Es un país que, de tanto en tanto, entra en liquidación total por la devaluación de su moneda.
Las reacciones de las ciudades bolivianas fronterizas son reveladoras de sus diferentes vocaciones económicas, como se puede observar en las primeras horas de esta crisis.
Villazón se está revelando como un puerto importador, mientras que Yacuiba y Bermejo reaccionan como puertos exportadores. Los comerciantes de la altiplánica Villazón están felices con la caída del peso, pero los del chaco tarijeño están preocupados. Los primeros están comprando a manos llenas y los segundos ven que a los compradores argentinos no les alcanza el dinero (para las compras del sector legal).
Pero todos los comerciantes saben que cuando Argentina entra en crisis, la moneda termina devaluándose y llega la gran liquidación.
En 1975, en 1989 y en 2001 fue así. Si hay un patrón en estas crisis argentinas habría que buscarlo en los cambios de gobierno que obedecen a la alternancia de diferentes tendencias peronistas. Esta vez, la señora Cristina Fernández está inaugurando una época peronista diferente a la de su marido y a la primera parte de su propio mandato.
Son como purgas que de tanto en tanto se toma el cuerpo de la economía argentina. Y que tienen enormes efectos en la economía boliviana.
Lo que no varía ni siquiera en estos momentos de crisis de Argentina son las corrientes de tráfico ilegal de coca y sus derivados. Hay un pecado que comparten los dos países, pecado venial, que es el comercio de la coca, que comprende más de 5.000 toneladas por año. Es la coca yungueña que consumen millones de argentinos. La otra exportación boliviana que pasa a Argentina, la de la droga, no tiene estadísticas, ni siquiera de aproximación. Pero es más millonaria que la otra. No le afecta la debilidad de las monedas locales porque se hace en dólares.
El otro comprador de gas y droga es Brasil. No es cosa sencilla tener de país vecino a uno de los BRIC, sobre todo si tus gobernantes ni siquiera saben lo que es eso.
Un país que, según The Economist, sufre las consecuencias de haber concentrado sus esfuerzos en exportar materias primas. Y en inflar su moneda hasta presiones peligrosas. Brasil se ha hecho muy caro para todo el mundo.
Los volúmenes de exportación de gas a Argentina y Brasil se mantienen según lo previsto. En el caso de la droga, Bolivia exporta sus excedentes, pero en el caso del gas está exportando volúmenes que hacen falta al mercado interno.
Pero eso no le interesa a nadie.

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