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martes, 4 de septiembre de 2012

Evo Nobel para la Paz titula Pedro Shimose y a continuación "enumera sus méritos" para aspirar a tal honor. fino el humor de Pedrito


En seis años y pico de Gobierno, el presidente Evo Morales se ha caracterizado por su sabiduría política, su espíritu conciliador, sus ideas integradoras, su dominio de idiomas y su amor al oriente boliviano. Jamás incitó al racismo, no ha fomentado la discriminación entre bolivianos y no ha puesto “en peligro la unidad del Estado Plurinacional”. He aquí cuatro pruebas que avalan su candidatura:
1./ Invitó a los ‘colonizadores’ y cocaleros (de orígenes aimara y quechua) a seducir y preñar a las indígenas del Tipnis para zanjar la polémica sobre la carretera que parte en dos el Parque Nacional Isiboro Sécure, en la creencia de que este mestizaje decidiría el apoyo del Tipnis al proyecto desarrollista del actual Gobierno;
2./ El Gobierno que él preside reprimió a los marchistas indígenas del Tipnis en la localidad de Chaparina (Beni) y acaba de intervenir militarmente el Parque Nacional con el pretexto de crear un Ejército Ecologista;
3./ Declaró a una radio holandesa que construir la carretera a través del Tipnis “es liberar al Beni, que es patio trasero de Santa Cruz, de los gamonales de Santa Cruz que, a espaldas del Beni, se enriquecen”;
Y 4./ Dijo en Tiwanaku (15.08.12): “En el oriente boliviano, donde todo el año se produce, yo digo solamente por falta de voluntad podemos ser tan pobres o no poder tener alimento, mientras en el altiplano es diferente; si hay helada, si no hay lluvia, si hay granizada, no hay alimento. Es una verdad eso, pero en el oriente no, solo por flojera podemos hambrear”. (Dijo esto a sabiendas de que Santa Cruz genera más del 30% del ingreso nacional y recibe constantemente oleadas de migrantes altiplánicos paupérrimos).
Este hombre merece el Premio Nobel de la Paz.
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En un artículo titulado Donde en vez de un sol, amanece un dólar [Página Siete, 27.07.12], Gonzalo Mendieta Romero comenta las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica. El columnista habla del ‘arielismo’, doctrina proclamada por el pensador uruguayo José Enrique Rodó (1871-1917) en su libro Ariel (1900). Rodó oponía el reino de Ariel –espíritu idealista de Hispanoamérica– al reino de Calibán (personaje del drama La Tempestad, de Shakespeare) como símbolo del materialismo utilitarista yanqui. Para apoyar este argumento, Mendieta Romero cita unos versos de Rubén Darío extraídos del poema A Roosevelt: “Eres los Estados Unidos, / eres el futuro invasor / de la América ingenua que tiene sangre indígena, / que aún reza a Jesucristo y aún habla en español” (Cantos de vida y esperanza, 1905).
Sin entrar en polémica, permítanme dos glosas: 1a/ Es cierto que los versos de Rubén Darío citados por el articulista son premonitorios, pero no es menos cierto que el poeta nicaragüense se equivoca cuando le reprocha a Estados Unidos la falta de Dios, porque la mayoría del pueblo norteamericano es creyente. En todo caso, Rubén sugiere que el Dios que les falta a los estadounidenses es el Jesucristo católico. Todo un anacronismo. El presidente Kennedy era católico, el actual vicepresidente Joe Biden lo es, y el actual candidato republicano a la Vicepresidencia, Paul Ryan, también.
Y 2a/ Mendieta Romero afirma que “falta un manual de las percepciones que latinoamericanos y norteamericanos tenemos unos de otros”. Es posible que los haya. Uno de ellos sería Latinoamericanos y norteamericanos. Cinco siglos de dos culturas (La Paz, 1987), escrito por Mariano Baptista Gumucio. // Madrid, 04.09.2012.

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