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lunes, 20 de agosto de 2012

Ovidio Roca nos muestra cómo el MAS destruye Bolivia obra de chapuceros aprendices de brujo. dejar de ser Estado fallido y reconstruir uno que comparta legalidad y democracia y merezca el respeto del entorno


E l Proyecto de Nación Boliviana, pactado en 1825 entre las Provincias Autónomas del Alto Perú, se cae a pedazos. Fue destruido con complicidad y desidia nuestra, el apoyo militante de sindicatos cocaleros y perpetrada su devastación final por unos chapuceros aprendices de brujo, que ofrecieron construir el Socialismo Andino del “vivir bien” y buscando dólares y apoyo político, se enredaron con el Chavista Socialismo del Siglo XXI y luego con cada sátrapa totalitario que les ofrece sustento. Una mala lectura de veinte mil libros y de las arrugas de sin cuenta de venerables ancianos.
Henchidos de soberbia, con peinado oficial de raya al medio  o con jopo al viento, los nuevos líderes proclamaron demagógicamente la supremacía indígena y el vivir bien, pero a costa de la hoja sagrada. Un chenko con el que han logrado exitosamente, incentivar la economía informal, extractivista y mercantilista; extender la siembra ilegal de coca y destruir la economía productiva y la empresa privada nacional.
Quebrantaron igualmente, los cimientos mestizos de la abigarrada sociedad boliviana. Son desastres que se generan por ese afán desmedido de poder y gloria de algunos extraños personajes. “Metiéndole nomás”, y a golpe de cercos, bloqueos y mañosas leyes, liquidaron la institucionalidad dificultosamente lograda y los lazos de solidaridad entre los miembros de una frágil nación boliviana, logrando aterrizar exitosamente en la anomia total.
A contrapelo del esquema centralista y totalitario diseñado por nuestros aprendices de brujo, la realidad social parió  un engendro “anarco corporativista” de grupos dispersos de sindicatos, gremios, colectividades, etnias (en lenguaje vernáculo: cocaleros, chuteros, contrabandistas, jacus, narcotraficantes, seudo-cooperativistas mineros, ayllus, comunarios, movimientos sociales, etc.) , que buscan sobrevivir y enriquecerse a cualquier costa y cuya única ley es la defensa de sus propios intereses de grupo; los que se imponen al Gobierno y la ciudadanía, a fuerza de marchas, bloqueo, dinamita, palo, piedra; sin la mínima proyección de Estado Nacional, y que el Gobierno ni con su policía, su ejército, sus jueces y fiscales, puede ya controlar.
El régimen ha tenido éxito hasta ahora, porque cogió la ola de altos precios de materias primas y mientras estos se mantengan podrá navegar más o menos tranquilo y seguir con el presterío y la farra populista, aderezada con dólares del narcotráfico.
Pero si queremos perdurar y avanzar como sociedad y no debatirnos en la crisis económica, violencia  y anarquía que caracteriza a los Estado fallidos, nuestro desafío es reconstruir el país, un mejor Estado nacional que comparta los principios de legalidad y democracia y merezca respeto propio e internacional. Un país para todos los bolivianos, que sea más próspero, más incluyente, más solidario y responda adecuadamente a la pluralidad de intereses de sus habitantes.
Dada la disparidad de criterios y visiones, fruto del desbarajuste masista, tendríamos que transitar por los diversos caminos que nos señalan las esperanzas y expectativas prevalecientes en el país. Para unos: Departamentos constituidos en Estados Federales que apuestan a la cultura democrática y economía de mercado y para otros; Departamentos con régimen corporativista y comunitario. En fin, un país Federal con sistemas estaduales diversos.
Asistidos por Jano, dios romano de las puertas, de los comienzos y los finales, algún ciudadano de ese Imperio (derrotado por los indígenas americanos según nos enseña Evo) podía ver al mismo tiempo el pasado y el porvenir. Ahora con Google (otros con la coca), vemos on line el pasado y el presente; y razonando que al usar la misma receta, se cocina similar locro, un “nupcial” ají  de fideos o un potente y más apropiado ají de papalisa, fácilmente podemos atisbar el porvenir. Por tanto nos es fácil verificar  el sabor y las consecuencias de la receta comunista. Solo  se requiere estudiar y visitar los  países donde se la cocinó. Y para evitar el sesgo cultural, es mejor ver el resultado de su aplicación en un mismo país, una misma cultura, historia y geografía.
Podremos comprobar entonces, que la Alemania Federal democrática y de libre mercado es exitosa, mientras que la Alemania comunista se convirtió en un estado totalitario; su población se empobreció aceleradamente y que además, su modelo de gestión destruyó totalmente su medio ambiente, para finalmente colapsar.
Lo podemos ver también actualmente en las Coreas; la comunista medioeval, pobre y esclavizada y la Corea del Sur un ejemplo de sociedad libre, desarrollada económica, tecnológica y culturalmente. También en Cuba, que en los años 50 del Siglo anterior era uno de los países más desarrollados de América latina y ahora se debate en la pobreza y la opresión totalitaria.
Pocas personas y pueblos aprenden de la experiencia ajena, pues por alguna extraña razón, la ilusión es más fuerte  que la realidad y siempre surge la esperanza de que algún caudillo, un iluminado (pronto convertido en déspota), solucionará todos los problemas, aun los personales. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, escribe el poeta español Antonio Machado.
Empecemos a caminar: aquellas personas y comunidades que siguen la tradición del comunitarismo y del ayllu, pueden en un Estado federal legislar y desarrollar libremente su visión de sociedad y avanzar aprendiendo de sus errores y aciertos.
Y lo mismo, para aquellos que prefieran la democracia y la libre empresa, ciudadanos que no quieren vivir bajo el totalitarismo, la violencia de grupos informales, de guerras de narcotraficantes. Pero como nada es gratis, hay que trabajar y se tiene la tarea, desde el hogar y desde las instituciones locales de armar un nuevo Estado Federal acorde a sus visiones e intereses comunes. “Caminante, son tus huellas el camino y nada más”.

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