Páginas vistas en total

miércoles, 14 de octubre de 2009


Gregorio Cristóbal Carle

Evo Morales: la impostura y la mentira como único rédito electoral

"Hay hombres cuya conducta es una mentira continua" (Barón de Holbach)
No podemos alegrarnos. Bolivia sigue su inexorable camino hacia la eliminación total del sistema de libertades bajo un régimen instalado en obligaciones, prohibiciones, silencios insultos y mentiras, que además osa transmitir una exultante y buenista imagen de placidez democrática.

La realidad es tozuda y demuestra algo muy diferente e irrebatible. Una suerte de abstrusas manipulaciones que tienen su origen en el falaz pensamiento único. En suma, un nuevo experimento que no hace sino reproducir fracasos de un pasado no tan lejano, que no es otra cosa que la expresión política de la hegemonía autoritaria donde la voluntad del líder es irrebatible, además de lo único importante.

Un método basado en la mentira constante, que sin duda alguna necesita de la democracia para esconder sus propias vergüenzas, y que valiéndose del recurso al proceso electoral supuestamente limpio se entrega a la tarea revolucionaria de destruir la sociedad establecida para dar paso a la emancipación utópica de todos sus congeneres, en especial los más desvalidos.

Evo Morales ha mentido desde siempre, porque la mentira constituye el patrón de comportamiento del líder demagogo, autócrata e insustancial, obsesionado en desmontarlo todo y siempre alérgico a la crítica y a la autocrítica.

Mintió a su pueblo nada más ascender al poder con el supuesto cumplimiento de la controvertida y ambigua promesa de nacionalización de los hidrocarburos. Dicha formulación –no se trata de una conjetura- era del todo falsa porque la Constitución del Estado ya reconocía la propiedad estatal de las riquezas del subsuelo y no se puede nacionalizar algo que por ley está ya en manos del Estado.

Lo único cierto, indiscutible, e inapelable de dicho proceso han sido las nefastas consecuencias derivadas de tan demagógica decisión, ya que la presunta recuperación del gas como recurso natural y su paternalista gestión ha degenerado en una caída estrepitosa de la producción que obliga en la actualidad al país al racionamiento y la importación de gasolina, diesel y gas licuado…. eso sin hacer mención a la permanente e insultante corrupción que ha planeado sobre la empresa estatal YPFB desde el mismo momento en que fue creada

Lo que no puede ser tiene que producirse necesariamente. Movido por este pensamiento el ínclito Presidente de Bolivia ha recurrido a todo tipo de hipótesis semánticas para tratar de explicar a su pueblo el triunfo del régimen en materia económica, otra perversión de la realidad que más pronto o más tarde acabará enmudeciendo sus dogmática verborrea.

Una teoría que responde exclusivamente a ese romanticismo revolucionario de perfil bajo inspirado en el completo desconocimiento de las leyes del mercado, la leyenda de la rebelión final del proletariado y la portentosa capacidad del Estado para abordar la gestión eficaz y eficiente de unos recursos ninguneados a la iniciativa privada.

Respondiendo a esa hoja de ruta el gobierno Morales comenzó un proceso nacionalizador que ha abarcado todos los sectores de la economía, y que está llevando al país a una insoslayable caída de todos los indicadores económicos. Un diagnóstico desolador falseado por las estadísticas oficiales que, sin duda, han supuesto una gran labor de maquillaje de cifras.

En este sentido el sector público ha adquirido una dimensión excesiva y severa, integrándose en una dinámica de aumento del gasto público, de endeudamiento interno, y de la manifiesta imposibilidad de ejecutar el presupuesto. A todo ello hay que añadir la constante e inevitable intervención de los precios como elementos de un pensamiento marxista anclado en el imperioso afán de destruir la iniciativa privada, una medida que ha obligado –en un país pobre- a aumentar las importaciones de productos básicos como la harina.

Un modelo ideológico cuasi religioso, no económico, que ha arrastrado a sus dirigentes a prohibir la exportación de determinados productos -es el caso del aceite- como vía revolucionaria y silenciosa para minar y acabar con el poder opositor de los empresarios del oriente, con el consiguiente deterioro de la economía nacional…

Ese proyecto excluyente, adoctrinador y carente de planificación alguna no ha sido capaz de implantar mejoras en los sectores productivos y solo ha sabido esperar el beneficio de los precios internacionales de las materias primas para inflar las arcas de la revolución, todo ello hasta que la tendencia de dichos precios ha comenzado a ser desfavorable a sus intereses, degenerando en un aumento progresivo de las cifras del paro, en especial en el sector de la minería – con un importante número de adeptos y seguidores de la falacia Morales-

Pero no es lo más grave, el empeño en contagiar su revolución en lo económico ha llevado al Gobierno de Evo Morales a perder los beneficios del APTDEA, importante acuerdo con los EE.UU que beneficiaba y promovía la exportación de productos textiles -fabricados en El Alto, ciudad cercana a La Paz, con un importante porcentaje de población indígena- a los que el país americano aplicaba importantes reducciones arancelarias.

La contrapartida del país andino implicaba una lucha eficiente contra los cultivos de coca y su comercio, cuestión que no solo no se ha producido durante el mandato del actual Presidente sino que, por el contrario, ha aumentado de forma exponencial y preocupante. Ya se sabe... aunque la pobreza se multiplique por mil no hay problema, ya proveerá el Estado.

En ese camino, opuesto a cualquier modelo de racionalidad, se encuadran también las generosas donaciones del sátrapa Chávez para la consecución de los objetivos previstos en la hoja de ruta del socialismo del S XXI. Continuas entregas de ingentes cantidades de dinero que no han sido fiscalizadas por organismo público alguno, y que han servido para practicar el nepotismo y el abuso de poder, además de aumentar de forma considerable esa corrupción que desde la demagogia más execrable es perseguida por Morales con una actitud paternalista y cínica que produce náuseas.

Nada es suficiente si es para alcanzar el triunfo de la revolución. En esa situación generalizada de crisis y expansión del gasto el Presidente osa ahora elucubrar con la construcción de un satélite imitando las políticas de los países más desarrollados. Está visto que su actitud demagógica no tiene límites o cuando menos no conoce ni maneja el término prioridades en la acción de gobierno… una teoría falsa en su formulación que no puede llegar a dar buenos resultados con el tiempo.

En otro orden de cosas una de las características que han sellado la impronta del mandato del Presidente ha sido la de ejercer un victimismo delirante, eminentemente propagandístico y milimétricamente calculado. Así, el régimen se nutre y retroalimenta de un sin fín de gestos y poses que solo buscan el impacto en una población que sigue ciegamente al líder. La tasa de la ganancia, que diría un marxista irreductible.

Prueba de ello han sido los innumerables y presuntos intentos de magnicidio que ha sufrido el Presidente Morales -sin que medie prueba evidencial alguna al respecto-, las detenciones de opositores que traman constantes golpes de Estado, o la terrible y alevosa matanza de Pando, en la que no hubo ninguna implicación del gobierno si atendemos a la raquítica, inconmensurable y poco o nada creíble versión oficial de los hechos.

Como es lógico pensar no son los únicos acontecimientos luctuosos que han teñido los días de gobierno de esa izquierda inconsecuente, manipuladora y falsaria que representa el "pequeño indiecito", acepción acuñada por el autocomplaciente y provocador mandatario boliviano.

El premeditado asesinato por la espalda de los miembros que conformaban una fracción terrorista venida desde Europa para asesinar presuntamente a Morales y provocar el caos en la nación andina ha servido a los jerarcas del Movimiento Al Socialismo para detener y encarcelar a buena parte de los elementos cruceños hostiles al régimen obviando cualquiera de sus derechos. Sin duda una intriga impecable y grotesca para llevar a cabo una purga al más puro estilo estalinista

Es esa la tónica general que ha definido la estéril y sectaria labor de gobierno del iluminado Evo. Un Presidente que ha puesto todo su empeño en destruir los valores de la libertad y el estado de derecho, en defenestrar y despojar a las clases medias del país, en amordazar a los medios de comunicación críticos con su constante burla y escarnio a la democracia, en acallar a una iglesia católica militante integrada en el tuétano de la sociedad boliviana… en suma, una suerte de pensamiento infame obstinado en acabar con el progreso a costa de favorecer los postulados etnocentralistas que impregnan la ensoñación del indígena aymara.

En lo que sí ha puesto un especial denuedo el ínclito Morales ha sido en crear un entramado de intrigas contra la prensa libre, perseguida y acosada hasta la saciedad con el inconmensurable apoyo de su mentor Chávez, que además de controlar buena parte de los medios escritos ha financiado el establecimiento de una red de emisoras en áreas rurales, dedicadas al adoctrinamiento de los sectores de la población más pobres y analfabetos.

Por insuficiente la estrategia ha llegado más allá, alcanzando a realizar acciones violentas contra los medios discrepantes, a los que acusa de tergiversar el idílico momento por el que atraviesa el país. Así, militares de la inteligencia boliviana vinculados al Palacio Quemado, ayudados por la embajada venezolana, volaron y destruyeron las instalaciones de una radio tarijeña que no gustaba al régimen, hecho del que no se ha vuelto a conocer nada porque ni siquiera llegó a investigarse con la rigurosidad que exigía el caso.

Instalado en el rencor y la mentira más perniciosa, el Presidente Morales ha dictado las pautas para controlar a una prensa que ya consta como una de las más perseguidas y acosadas de Latinoamérica.

En este sentido no es de extrañar que, el último informe de Fundación alemana Konrad Adenauer haya situado a Bolivia en el último lugar -después de Guatemala- del ranking de desarrollo democrático en América Latina. Dicho índice mide, entre otros aspectos, el grado de respeto de los derechos políticos y la capacidad de los gobiernos para generar bienestar en dieciocho países de la región.

No cabe la menor duda. Morales, con su acrisolada fe del carbonero está llevando a Bolivia a las cotas más altas de intransigencia y sectarismo vividas en la corta y convulsa historia de la nación andina, osando además ningunear a la oposición en un debate cara a cara con vistas a la celebración del próximo evento electoral.

Las razones son más que evidentes. En primer lugar el mandatario carece de la capacidad intelectual y facilidad de palabra necesarias para enfrentarse a sus principales adversarios, Manfred Reyes Villa, abanderado de Plan Progreso para Bolivia (PPB) y Samuel Doria Medina, de Unidad Nacional (UN), dos políticos de talla y contrastada experiencia en las lides electorales.

En segundo término porque éstos son capaces de desenmascarar las vergüenzas del régimen, la demagogia militante y las constantes mentiras a las que ha sometido al pueblo a lo largo del ejercicio de su primera legislatura.

El argumento al que ha recurrido el Presidente para evitar el debate directo es tan peregrino como descriptivo y usual en una dialéctica vacía de contenido. En este sentido ha llegado a expresarse en los siguientes términos: "Ellos no traen ideas serias. Solo defienden los intereses de la oligarquía"…no cabe la menor duda de que sus palabras lo dicen todo.

Ahora solo falta movilizar a las ciegas masas adeptas al régimen para reiterar sus mentiras todas las veces que sea necesario, llegando a todos los rincones de la nación. En eso Morales es un verdadero especialista que no necesita engrasar los engranajes de una movilización social que ha mantenido en constante alerta a lo largo de su mandato.

Hablará de cambios, de la necesidad de alcanzar los objetivos de la revolución silenciosa inspirada en el Ché, de respeto al indigenismo, de los oligarcas y vendepatrias, del imperio criminal, del sueño proletario, del capitalismo opresor, del pueblo como único propietario de los recursos y riquezas naturales, de los postulados socialistas como piedra angular para alcanzar el paraíso, de la necesidad de creer en él como mesías…. en suma de una iconografía ya defenestrada hace mucho tiempo en la mayoría de las naciones del mundo, pero al fin y al cabo de su iconografía. (HoyBolivia.com)

No hay comentarios: