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miércoles, 29 de junio de 2011

impopularidad, frustración, desconfianza cuando prometieron felicidad y bienestar. S.E. no lee ni escucha y su desprestigio es inmenso. Sacerdote Jesuíta José Gramunt.

¿Quién dijo que el Gobierno habla pero no ejecuta? En lo de hablar, es cierto que se excede en el tiempo que le dedica a las arengas y a las rebosantes promesas, así como en las agresiones verbales a los mismos enemigos imaginarios a quienes, al mismo tiempo les tiende la mano limosnera. Y en cuanto a lo de ejecutar proyectos realistas y efectivos, ahí es donde el Gobierno sigue fallando. Ocurre también que dictamina de la noche al día decisiones imprevistas, inmaduras pero espectaculares, e inútiles muy útiles como fermento del culto a la personalidad del jefe así como para distraer la atención de la gente, para esto sí que trabaja y recluta a más personal innecesario y muchas veces inepto para el trabajo que se le asigna. ¡Cuánta sesera se ha puesto a trabajar, por ejemplo, para recuperar el lujo de productos bolivianos hacia los países del norte! Excluyo a Venezuela porque negociar con Hugo Chávez es dejarse engañar. No digo en el asunto de las exportaciones porque sólo sé que se exporta cocaína de esto resulta peligroso hablar claro.

Sin embargo, esas mismas deficiencias, añadidas a errores de tomo y lomo son las que alimentan gran parte de los análisis, encuestas y comentarios que se publican en los medios independientes. La mayor y mejor parte de los columnistas de la prensa independiente expresan día a día sus opiniones generalmente desfavorables al Gobierno. Y no necesariamente por aquello de que la prensa es el contrapoder sino más bien por un noble afán de cooperar al progreso material y espiritual de este pueblo mal gobernado.

Lo extraño es que el Sr. Presidente que dice gobernar obedeciendo al pueblo, o no lee ni escucha más que lo que le conviene o le tienen sin cuidado las justas críticas de los periodistas bien intencionadas y, en su mayoría bien documentadas y razonadas, que provienen del mismo pueblo reflejado en los órganos de información y de opinión. ¿O es que la gente de prensa, valiosa, digna y laboriosa, no es parte respetable del pueblo boliviano? En nombre de los relegados, ¡Protesto!

Pues bien, el resultado de este desdén inmerecido es que el país retrocede, salvo la nueva clase gubernista y sus ramas anexas. La impopularidad internacional del Sr. Presidente - que no se engañe - está de bajada. La maldición del narcotráfico enloda el respeto que la República de Bolivia merece. Bolivia y su Presidente van quedando cada día más aislados del mundo que sigue adelante sin parar.

Las autoridades van derramando en su tortuoso camino, impopularidad, frustración y desconfianza, siendo así que prometieron felicidad y bienestar. Si el modo de gobernar no cambia en favor del pueblo, de todo el pueblo, del trabajo serio de la innovación, será inútil invocar al Tata Sol con degollinas de perros y sahumerios a la Pachamama. Serán gárgaras de ronco.

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