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martes, 14 de diciembre de 2010

VALIENTE EDITORIAL DE EL DIA MOSTRANDO EL FIASCO DE EVO EN CANCÚN

El presidente Morales no debería insistir en la idea de que el mundo entero está equivocado y que él es el único que está en lo cierto cuando se trata de medio ambiente y cambio climático. Tan afecto a los plebiscitos como es, tendría que entender que 193 a 1 es un resultado lo suficientemente claro como para recapacitar y reconducir el discurso fundamentalista que lo puso en evidencia en Cancún, como un líder con ideas descabelladas, incoherente y con un enfermizo deseo de acaparar la atención mundial.

Durante toda una semana, la delegación boliviana estuvo haciendo grandes esfuerzos por conseguir el fracaso de la Cumbre Climática de Cancún. Los antecedentes eran auspiciosos, pues Bolivia fue en gran parte, la responsable del bloqueo a un acuerdo en la cita anterior celebrada en Copenhague. Esta vez le salió el tiro por la culata, pues si bien no se puede hablar de un éxito total, es posible destacar avances significativos, como el compromiso de los países industrializados de apoyar con más de 100 mil millones de dólares anuales a las naciones subdesarrolladas para mitigar las consecuencias del efecto invernadero, además de la creación inmediata de un “Fondo Verde” de 30 mil millones de dólares para atender las situaciones más críticas.

Bolivia, que al final quedó absolutamente sola en sus afanes de boicot (Venezuela, Cuba Ecuador y Nicaragua también firmaron el acuerdo) no sólo buscaba dejar mal paradas a las grandes potencias, sobre todo a Estados Unidos, por una supuesta negativa a llegar a consensos, sino también llevar las cosas al extremo de provocar un rompimiento casi definitivo, hecho que se hubiera producido con el desahucio del Protocolo de Kyoto. Afortunadamente, los países más implicados en este
problema se han comprometido elevar las ambiciones para reducir la emisión de gases y avanzar en una segunda fase del gran acuerdo marco.

Mientras los países serios buscaban puntos de acercamiento, el presidente Morales machacaba en Cancún sobre los “grandes postulados” ambientalistas que ha estado expresando en los últimos años, con el
fin de constituirse en el supuesto gran salvador del planeta. Lamentablemente, lo único que es capaz de mostrarle al mundo el Primer Mandatario, son furibundas arengas y papel mojado con leyes inaplicables, suicidas y repletas de un palabrerío pseudo religioso.

En la práctica, el Gobierno del MAS ha hecho poco y nada por cuidar la ecología y en todo caso ha profundizado el modelo productivo extractivista, uno de los peores enemigos del medio ambiente. Antes de gritar “capitalismo o madre tierra”, debería contarle al mundo qué ha hecho para frenar la acción destructiva de las grandes empresas mineras sobre los acuíferos del Altiplano; tendría que aclarar sobre la acción de colonos, cocaleros y piratas madereros disfrazados de campesinos que destruyen todos los días cientos de hectáreas de bosques y reservas forestales; está obligado a explicar su alianza con los mineros cooperativistas que están por derrumbar el Cerro de Potosí y a decir por qué ha decidido hacer a un lado a los indígenas que exigen respeto a sus territorios y se ha inclinado por las empresas petroleras. Seguramente el presidente Morales jamás admitirá que su lucha comienza y acaba en una pose. Lo más prudente para él ahora, sería guardar silencio frente a una estrepitosa derrota.

Mientras los países serios buscaban puntos de acercamiento, Morales machacaba en Cancún sobre los “grandes postulados” ambientalistas.

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