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martes, 30 de diciembre de 2008

la democracia como pantalla delincuencial.soros continúa experimentando con el MAS su marioneta desde hace 9 años. la careta se ha caído!

amparado en representar a los pobres evo morales está empobreciendo a la nación, hace escarnio de la justicia, maltrata, encarcela, tortura y destierra como ningún dictador lo había hecho antes. es hora de tomar conciencia de la entronización de una autocracia que está en los linderos de una atroz dictadura. algunos síntomas nos lo describe Dante Pino en acertado resumen.


Ya es muy difícil engañarse a estas alturas viendo todo el panorama que se despliega ante nuestros ojos. Y resulta imprescindible tener que preguntarse algo que parece tener una respuesta obvia, pero que en el fondo es un problema complejo. ¿Debe servir la democracia como cubierta o pantalla para encubrir regímenes delincuenciales?
La comunidad internacional tiene la obligación de no soslayar lo que viene sucediendo en Bolivia. Desde el golpe antidemocrático de octubre de 2003 hasta las elecciones de diciembre de 2005 en Bolivia se ha operado un proceso acelerado de toma del Poder con uso de las herramientas democráticas del voto en las urnas, aprovechando una coyuntura de debilidad institucional de los partidos en función de gobierno y de un punto de inflexión desde el cual se desarrolló todo un plan destinado a usar la democracia para encumbrar al narcotráfico.
Esta acción ha sido facilitada por la condición social del dirigente de las seis federaciones que dirigen al sector cocalero : Evo Morales. Quien fue proyectado internacionalmente como un “luchador” y un “indio” en busca de la inclusión de su gente, en medio de un país donde existe discriminación social. Este trabajo fomentado desde o­nG patrocinadas por la Fundación Soros tuvo un proceso persistente desde el año 2000 y culmina rápidamente el año 2005.
En Bolivia se usó la democracia para consolidar al narcotráfico. El uso de la democracia como instrumento de esta dominación Estatal, ha colocado a los bolivianos y a la comunidad internacional en una posición de debilidad para enfrentarla, pues el reclamo del “voto mayoritario” que se dio en las elecciones de 2005 supuso que los “indios” en Bolivia daban un salto cualitativo en su afán por acabar con un apartheid sudamericano. Esta mentira difundida internacionalmente logró el objetivo de evitar cualquier cuestionamiento legal y legitimo para con el nuevo régimen.
Pero la careta democrática se fue diluyendo en la medida que las actividades del narcotráfico se fueron expandiendo a la par que las acciones del gobierno fueron eliminando los controles y acuerdos internacionales suscritos para combatirlo. En una demostración de fuerza, bajo un discurso antiimperialista el narcotráfico fue hasta el extremo de expulsar al Embajador norteamericano, mostrando esta decisión como un acto de “soberanía” y pidiendo similares actitudes a otros gobiernos. Esta acción audaz no tiene antecedentes, ni aún en épocas de dictadura militar.
Es que la fuerza del narcotráfico amparada en la legalidad del voto puede asumir actitudes impensadas en otro gobierno que no esté bajo su dictado. La pérdida de mercados externos, la indiferencia por la carencia de inversiones en el sector hidrocarburífero, la pasividad ante el desenfreno de los precios de la canasta familiar, los vínculos con el Gobierno venezolano amigo y socio de las FARC, el respaldo de Cuba que le da cobertura a sus acciones como si fueran hechos para liberarse del imperialismo y el uso de un rostro indigenista ha dificultado la visibilidad real de su verdadera imagen y ha logrado confundir a otros gobiernos con su prédica de “gobierno de los pobres”.
Pero nada más alejado de la realidad que esté preocupado por los pobres. Estos no sólo se incrementan en la gestión de este gobierno sino que emigran a países europeos en condiciones sub humanas. El desempleo crece, los salarios pierden poder adquisitivo, la producción disminuye y la polaridad étnica se acrecienta en la misma dimensión con la que se expande la producción de la coca, las pistas clandestinas y el uso de las comunidades indígenas para la producción de pasta básica y hasta la misma cocaína lista para su exportación.
El gobierno ataca y amenaza a los medios de comunicación, una clásica conducta de las mafias para evitar la denuncia de sus actividades, judicializa la política para eliminar adversarios y copa el órgano de Poder Judicial para someterla a sus necesidades. Todo esto a la vez que expulsa a la DEA acusándola de “conspirar” en una demostración temeraria de su manera de asumir decisiones con cualquier pretexto por absurdo que fuera.
El narcotráfico en Bolivia se muestra como el adalid de la lucha antiimperialista, defensor de los pobres y actor de cambios “fundamentales”. Uno de ellos la próxima constitución política del estado, será el paso definitivo para consolidar un régimen de rasgos totalitarios y de uso estatal para someter a todas las fuerzas sociales a sus dictados.
La lucha en Bolivia no será por la tierra y su justo reparto, ni por el control y manejo de los recursos naturales, ni por el derecho de los pueblos a tener su autonomía política y administrativa, será por recuperar el territorio nacional de las garras del narcotráfico y en esto tienen responsabilidad los países limítrofes y el resto del mundo que han sostenido con votos afirmativos las acciones políticas de un gobierno que está lejos de ser un modelo de lucha social por generar mejores condiciones de vida para los bolivianos.

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