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lunes, 25 de mayo de 2009

felizmente no son muchos, los militares que "por una pega" se doblegan y aceptan servir incondicionalmente al amo de turno. algunos ejemplos odiosos


Gildo Angulo, gracias a una recomendación del ministro de la Presidencia , Juan RamónQuintana, fue designado como presidente de YPFB-Transportes y de entrada se mandó una perlita que muy bien podría figurar en la más selecta antología del servilismo.

Sucede que Angulo, un militar cuyas veleidades políticas eran ampliamente conocidasy por tanto siempre estaba medrando en las periferias del poder, el 2005 fue candidato a la presidencia por la Nueva Fuerza Republicana (NFR) jefaturizada por Manfred Reyes Villa.

En esa épocas su ocasional jefe representaba para él, la suma insuperable de las virtudes ciudadanas ycívicas y no ahorraba adjetivos para ensalzar la figura de Reyes Villa.

Pero mutatis mutandis, Angulo ha cambiado radicalmente de opinión y pidió perdón por haber militado y haber sido candidato por NFR, lo cual dijo fue un tremendo error. Paralelamente considera que Reyes Villa ya no es la persona que miraba con ojos maravillados sino un siniestro separatista.

Es evidente que los billetes y una pega puede hacer maravillas en el razonamiento de ciertos individuos y Gildo Angulo (conocido además por andar detrás de los medios para figurar) es una muestra de ello pero no es el único. En el gobierno del MAS se pueden encontrar muchos personajes de cuya trayectoria política, lo menos que se puede decir es que es sinuosa.

En primera fila se tiene al propio ministro de la Presidencia , Juan Ramón Quintana, quien era el mimado y protegido de la familia Banzer-Prada. Luego podemos nombrar al ministro de Defensa, Walker San Miguel, defensor de la capitalización y ex colaborador del MNR y muy allegado al yerno de Goni, Mauricio Balcázar.

Otro ejemplos: el ahora radical y fanático masista, Sacha Llorenti, fue miembro de la Avanzada Universitaria que reunía a los universitarios del MNR. De la misma agrupación era el ministro de Defensa Legal del Estado, Héctor Arce.

Como ellos hay muchos más que hoy reniegan de su pasado y permanentemente hacen profesión de fe ante el jefazo. Para evitar cualquier desconfianza hacia ellos asumen generalmente las posiciones más extremas, no vaya a ser que a alguien se le ocurra acusarlos de falta de entusiasmo en una época de caza de brujas.

Evo premia su lealtad con algunos cargos para ellos y sus familiares pero no se percata que estos mismos individuos, con el mismo ardor que hoy lo muestran como un Pachacuti resurgido en la cordillera andina, más temprano que tarde también se mostrarán arrepentidos de haber sido parte de su gobierno, renegarán de él y lo mostrarán como el más grande sátrapa que haya pasado por nuestra historia.

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