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lunes, 22 de septiembre de 2008

el temor a la verdad de lo ocurrido en pando está acelerando otros fallos del masismo

El Gobierno actual dispone de bien financiados ‘grupos de choque’ en todas las regiones del país. Fueron organizados y congregados bajo el mando de un ente de filiación masista, desde niveles de Secretarías de Estado. Nada menos que un ex ‘defensor’ de los derechos humanos y propugnador de la paz social fue inicialmente el encargado de coordinar las acciones de los denominados ‘movimientos sociales’ contra los adversarios del régimen. Naturalmente que al Gobierno no le resultó muy problemático que campesinos de base pasaran a formar parte de las respectivas brigadas. Se trata de gente pobre que a cambio de prebendas económicas o de tipo asistencial, hace siempre cuanto le ordenan hacer quienes así les favorecen. Sin remontarnos a los tiempos coloniales, cuando las masas de nativos, sobre todo las del altiplano, a cambio de granjerías servían por igual a patriotas y realistas, recordemos cómo el método le resultó particularmente eficaz a Bautista Saavedra, avanzada ya la República, para hacerse de sus temidas ‘ovejas de Achacachi’ (los ‘ponchos rojos’ de la época). El MNR utilizó la Reforma Agraria de 1953 para lo mismo. Los indígenas dejaron de ser tales para convertirse en ‘campesinos’ igualados en una agremiación ‘sindical’ que el MNR dirigía desde el Ministerio de ‘Asuntos Campesinos’ y su ‘Comité Político Nacional’. Aimaras y quechuas pasaron de la servidumbre semifeudal a la que les sometían los latifundistas, al pongueaje político de la jerarquía movimientista. Barrientos Ortuño heredó este tipo de sujeción y lo aprovechó al máximo. Su gobierno tenía las plantas bien puestas en el poder militar (Fuerzas Armadas alineadas en torno suyo) y en la estructura sindical campesina que dirigía su partido.Los ‘movimientos sociales’ del MAS, básicamente compuestos por ‘indígenas’ (denominativo que hizo reflotar el ultra indigenismo de las ONG infiltradas en el Gobierno de Evo Morales) constituyen ahora la pieza clave de la estrategia del partido de Gobierno hacia la hegemonía política total. Prácticamente se han convertido en una fuerza paralela a la institución militar. Acaso los más asistidos ( a través de las respectivas delegaciones presidenciales) tanto económicamente como en cuestiones de logística ) sean los que conforman los enclaves masistas en Pando, Beni, Santa Cruz, Tarija y Chuquisaca. Cada vez que se agrava la ya prolongada crisis política que vive el país, son utilizados por el Gobierno a modo de peones y alfiles contra el adversario, en el tablero de la contienda. Casi siempre la presencia de altas autoridades de Gobierno precede a estas movidas, delatando así que los ‘movimientos sociales’ no actúan por cuenta propia, sino en cumplimiento de instrucciones superiores. Ministros y altas autoridades de Gobierno estuvieron en Pando antes de que allí estallara la violencia que produjo el baño de sangre que todos lamentamos. Ingresaron a Pando brigadas masistas que chocaron con lugareños organizados para defenderse. Los invasores disponían de armas y municiones que no les cayeron del cielo. Alguien se las suministró para que tiraran a matar, como lo hicieron, provocando la replica regional que terminó enlutando a Cobija y algunas de sus zonas rurales próximas. Por último, para colmo, el desembarco de tropas ‘especiales’ en el aeropuerto de Cobija que sin más ni más dispararon contra civiles, provocando un muerto y varios heridos. A contrapelo de tan luctuosos hechos, el Gobierno dice que no es responsable absolutamente de nada y le echa toda la culpa al prefecto Leopoldo Fernández, acusándole de “genocidio”, delito por cual le amenaza con imponerle una condena de 30 años de cárcel. Semejante sindicación le sirve de cortina de humo respecto a su propia y obvia responsabilidad. Esta es algo que cualquiera con dos dedos de frente que vaya a Cobija a investigar los trágicos sucesos lo puede establecer en tiempo récord. El Gobierno tiene plena conciencia de ello y, por eso, cortó con tropas militares el ingreso a Cobija de periodistas de varios medios de prensa que llegaron al aeropuerto para la cobertura informativa de rigor. (Analítico y profundo editorial de el deber de santa cruz, bolivia)

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